Esta utrerana que se ha abierto camino en una profesión en la que no es habitual todavía encontrar apenas mujeres
Afortunadamente el avance de los tiempos y el cambio de muchas mentalidades han permitido que en la actualidad sea posible encontrar mujeres en puestos de trabajo en los que hace sólo una década era casi imposible plantearse ni siquiera la posibilidad de que pudieran ejercer ese trabajo mujeres. Hoy en día, hay utreranas que son conductoras de trenes, policías o taxistas, y que han sido en cierta manera pioneras en un mundo dominado históricamente por hombres. Eso es precisamente lo que ha sido siempre la utrerana Rosa María Pérez Moreno, que presume orgullosa de ser barbera, un oficio en el que todavía hay muy pocas mujeres.
Rosa tiene su negocio en un lugar muy populoso de Utrera, en la esquina de la avenida San Juan Bosco con la avenida del Matadero, y cada vez es más complicado coger cita en su barbería para arreglarse la barba o cortarse el pelo, porque son muchos los clientes que acuden cada semana a su cita casi ritual. Un negocio en el que atiende sólo a hombres, de todas las edades, y con el que poco a poco ha demostrado que una mujer también puede ser una excelente barbera, hasta el punto de llamarse a ella misma en las redes sociales ‘la barbera de Utrera’, porque está convencida de que es la única mujer que ejercer esta profesión tan emblemática en la localidad.
A la hora de echar la vista atrás, Rosa cuenta que aprendió la profesión con el barbero utrerano Juan Carlos Dana, «al que solían ir tanto mi padre como mi hermano, y con quien aprendí la profesión como lo hacían los barberos antiguos, los de toda la vida». Durante algo más de una década, trabajó en esta barbería utrerana hasta que ya posteriormente abrió su propio establecimiento.
Rosa lo tiene muy claro, y a ella lo que le gusta es que la llamen barbera, y no peluquera, ya que, como esta utrerana reconoce, «hubo un tiempo en el que la expresión de barbero sonaba como antigua, pero la realidad es que se debe usar para designar a la persona que lleva a cabo el corte del cabello a los hombres y el arreglo de las barbas, que es exactamente lo que yo hago».
Además de la actividad que desempeña en Utrera, Rosa lleva muchos años colaborando con una iniciativa que se impulsó desde la localidad sevillana de Lebrija y que lleva por título ‘Barberos Solidarios’, creado por Guillermo Caballero -que fue también maestro de Rosa-. Se trata de un evento en el que se concentran barberos y peluqueros de toda España y donde ofrecen sus servicios por una cantidad simbólica. Posteriormente toda la recaudación conseguida se dona para una asociación benéfica concreta, sirviendo así de una gran ayuda. Una serie de actividades solidarias a las que Rosa acude con mucha ilusión, y donde ella misma suele percibir que «realmente la mía es una profesión principalmente dominada por hombres, porque en casi todos los eventos a los que acudo suelo ser la única mujer».
En la actualidad, el mundo de la peluquería y los arreglos de barba está viviendo una especie de época dorada, ya que no son pocos los hombres que cuidan mucho su imagen, yendo con mucha frecuencia al barbero, en ocasiones hasta una vez a la semana. Un fenómeno que conoce bien Rosa, quien asegura tener «una clientela muy variada, compuesta por personas de todas las edades» que le terminan pidiendo «todo tipo de cortes, que van desde los más clásicos hasta los más atrevidos, aunque al final son los degradados los que más se piden con diferencia».
En cuanto a las formas de arreglar la barba que existen en la actualidad, Rosa explica que también hay varias posibilidades, que van desde «las barbas perfiladas a la barba tipo espartana, que es la que más se lleva». También recibe a clientes que tienen la barba muy larga, que se la han dejado crecer durante varios años, a los que trata siempre de aconsejar y mimar de manera especial.
La utrerana reconoce que muchas veces el trabajo de barbera va un poco más allá del simple arreglo capilar o facial, y es que se trata de una profesión en la que se desarrolla un vínculo especial con los clientes, que provoca que la barbera sea también una especie de confesora a la que terminan pidiéndole consejo sobre su vida privada. «Hay hombres que vienen prácticamente una vez a la semana, por lo que al final se crea un vínculo muy estrecho y terminamos siendo prácticamente como de la familia», cuenta Rosa.

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