Este centro educativo, que estuvo ubicado en las actuales instalaciones del Ayuntamiento, abrió sus puertas en 1933 y dejó para la historia un esquema modélico
La educación es, sin lugar a dudas, el arma más poderosa para hacer libres a los ciudadanos. Por eso, simplemente analizando el modelo educativo de cada sociedad es posible entrar en contacto con el grado de independencia de cada país. Actualmente, las nuevas generaciones han nacido bajo un modelo que prima la educación gratuita y pública en todos sus niveles, pero si viajamos a la Utrera de comienzos del pasado siglo XX nos encontraríamos una situación que no se parece en nada a lo que ocurre hoy en día.
En ese viaje, nos vamos a topar con una sociedad muy estratificada, donde había un porcentaje enorme de la población que no sabía leer ni escribir. Los utreranos de aquellos años, muchos de ellos trabajadores del campo, no podían tener en la gran mayoría de las ocasiones acceso a la educación, ya que esta escaseaba y era de pago. En zonas rurales de la provincia de Sevilla como Utrera, el analfabetismo era un problema grave, estando muy por encima de la media nacional, llegando a un 36% en los hombres y un 42% en las mujeres, y únicamente el 31% de la población infantil iba al colegio.
El gobierno de la Segunda República se encontró con este problema de dimensiones mastodónticas, por lo que se diseñó un gran plan a nivel nacional para alfabetizar a la población y ofrecer al pueblo un acceso a la educación gratuita y universal. Dentro de ese plan estaba la creación de determinados centros, como fue el Instituto Elemental de Segunda Enseñanza ‘Rodrigo Caro’, que llegó para revolucionar el concepto de la educación en la ciudad y en toda la comarca, dando una opción a los utreranos que tenían entre 12 y 20 años que anteriormente no habían podido ni siquiera llegar a soñar.
Se trataba de un centro educativo que se podría asimilar a lo que en la actualidad son los centros de educación secundaria, una etapa formativa a la que en aquellos momentos históricos sólo se podía acceder si se disponían de una serie de recursos económicos. Con la llegada de la Segunda República se pusieron en marcha en la provincia de Sevilla varios proyectos de este tipo, en Sevilla capital, en Carmona o en Écija.
El instituto ‘Rodrigo Caro’ se ubicó en las dependencias que actualmente ocupa el Ayuntamiento de Utrera y muy pronto se convirtió en una referencia para todos aquellos que querían continuar su formación educativa tras el paso por las primeras etapas del colegio. Hombres y mujeres procedentes de familias humildes, las cuales no habían tenido hasta entonces apenas acceso a este tipo de formación, comenzaron a recibir clases en este instituto. Además, no sólo acudían utreranos, ya que existen registros de que venían algunos alumnos de la localidad de Los Molares e incluso, como dato curioso, el hijo del boticario de El Coronil, que se desplazaba hasta Utrera en bicicleta.
«Hay que darle un lugar muy importante en la historia de la educación en Utrera al instituto ‘Rodrigo Caro’ por todo lo que supuso en su tiempo, porque desde su cierre hasta mediados de los años 60 no hubo un instituto en Utrera de educación secundaria de carácter público, que fue el instituto ‘Ruiz Gijón’», explica Antonio Cabrera Carro, historiador y colaborador de COPE Utrera (98.1 FM).
El problema es que el ejemplo que supuso esta institución y la esperanza que insufló a muchas personas de la comarca fue demasiado efímero. Las clases comenzaron en este centro en noviembre del año 1933, se inauguró en marzo de 1934, pero la guerra civil y toda la barbarie que esta contienda bélica trajo consigo provocaron que el instituto cerrase sus puertas en el año 1937, produciéndose un proceso de ‘depuración’ de sus profesores.
En los pocos años en los que estuvo abierto fue todo un ejemplo de progreso y paradigma de la importancia de la educación para el progreso de los pueblos. Impartía una enseñanza mixta, algo que tampoco era habitual en la época, teniendo los alumnos la posibilidad de disfrutar del recreo en el conocido como jardín romántico del ayuntamiento. La biblioteca, que muchos especialistas consideran la primera biblioteca que hubo en Utrera, se encontraba en el salón pompeyano.
Miguel Durán Aguilar fue el primer director de este centro, que contó con una importante nómina de profesores como Salatiel Bernard, Gustavo Gallardo o Dolores Salazar. Nombres que sembraron una semilla que después, con el paso de los años, fue poco a poco germinando y dando lugar a una situación completamente distinta, en la que afortunadamente una ciudad como Utrera cuenta con múltiples opciones educativas públicas, gratuitas y abiertas a todo los estratos de la población.

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