El confinamiento de una familia de Utrera con cinco hijos (VÍDEO)

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La palabra «confinamiento» está siendo de las más usadas estos días en los que el estado de alarma obliga a quedarse en casa. No es fácil permanecer recluido en la vivienda sin salir, salvo para cuestiones estrictamente necesarias. Pero la situación varía, además, si se trata de una familia con cinco hijos, como es la familia Zamora-Lomas.

Es lo que le ocurre a Patricia y Jesús, que tienen cinco pequeños de entre siete años y doce meses. Ellos viven en una casa en Utrera, concretamente en el campo, lo que les permiten jugar en el exterior y que lleven el encierro «estupendamente. Ni se enteran». Su historia la recoge ABC de Sevilla, en un reportaje en el que también narra la historia de su madre, «periodista por vocación y youtuber por diversión», que tiene que hacer malabares para mantener al día su canal «masquenumerosa» en Youtube, ahora que no hay ni colegios ni comedores que le dejan horas libres para desarrollar su profesión. Y eso repercute en la economía doméstica.

Patricia responde a la llamada de ABC con un susurro. «Perdona es que acabo de acostar a la pequeña (12 meses). Voy a ponerme los cascos porque sin ellos no puedo hacer dos cosas a la vez y aquí no se puede parar». Mientras habla con la periodista, está haciendo la comida. Su marido, Jesús, es profesor de contabilidad en una academia privada y sigue activo gracias al teletrabajo. «Se pasa muchas horas conectado al ordenador», así que la organización de la casa recae en ella.

Cuenta que «la rutina es fundamental. Si se rompe, todo va a ir a trompicones ese día». En estado de alarma, parte de esa rutina se ha ido abajo con el confinamiento y ha sido necesario reconstruirla. «Trabajo ahora el doble para organizar comidas y cenas, cuidando que los niños coman lo más sano posible y que tengan un horario más o menos estable todos los días», comenta. Sobre los deberes que le mandan a su hijo mayor (7 años), admite que no los está siguiendo a rajatabla: «no puedo dedicarle mucho tiempo en exclusiva porque sus cuatro hermanos me demandan constantemente».

La oferta online que ha surgido para hacer deporte, cursos a distancia o de ocio para ver películas y series en abierto es simplemente inasumible para Patricia, a la que le faltan horas. «No tengo tiempo para aburrirme. Antes, cuando acostaba a los niños, podía dedicarme a mí y a mi pareja, pero ahora nos tenemos que poner a organizar la comida del día siguiente o a limpiar algún cuarto en plan ninja sin hacer ruido». Atrás han quedado también, por ahora, «las limpiezas en profundidad, moviendo muebles».

En este hogar se cuidan al detalle las medidas de higiene para evitar un contagio. Sólo sale Patricia al exterior a comprar cada quince días al supermercado «y cuando lo hago voy vestida como un astronauta». Al regresar, se desnuda antes de entrar en la vivienda, deposita la ropa en una bolsa y el resto de efectos personales, como cartera o llaves, en una caja de cartón que siempre está fuera. Dice que ha leído que «el virus sobrevive menos tiempo en una superficie de cartón». Al vivir en mitad del campo, esta familia tiene que recurrir a la compra online con cierta frecuencia. Explica que «las cajas las deposita el repartidor fuera. No tenemos contacto con él y las dejamos como en aislamiento varios días antes de tocarlas».

Aunque agotada, Patricia es capaz de sacarle el lado positivo a este momento. Reconoce que «podemos estar ahora más tiempo con nuestros hijos. Es como si retrocediéramos unos años y volviéramos a esa época en que las mujeres no trabajamos fuera y se estaba más tiempo en casa. Después de esto, seguro que sabremos valorar mejor».

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