¿Cuándo y cuánto? Así opinan los expertos sobre cómo alimentar a tu perro

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La escena es familiar para cualquier persona que comparte su vida con un perro, el cuenco lleno, la mirada suplicante, el sonido de las patitas inquietas sobre el suelo. ¿Le sirvo ahora? ¿Le dejo la comida puesta para que coma cuando quiera? ¿Será mejor establecer horarios? Aunque en ocasiones no se le da la importancia que merece, el cómo y el cuándo alimentamos a nuestros compañeros de vida tiene mucho más impacto del que imaginamos en su bienestar físico y emocional.

La alimentación es, al fin y al cabo, uno de los pilares de su salud, pero también de su comportamiento. ¿Qué hay de las raciones y horarios? ¿Mejor libertad absoluta o establecer una rutina?

Lo que dicen los datos de la comida siempre disponible

Muchos dueños, movidos por la comodidad o por la idea de que su perro sabrá autorregularse, optan por la alimentación libre, el cuenco lleno durante todo el día. Sin embargo, los veterinarios coinciden en señalar los riesgos de este método.

Según recoge Animals Healthmás del 40% de los veterinarios considera que los cuidadores de mascotas tienden a infravalorar los peligros del sobrepeso, en gran parte por hábitos como ofrecer comida de forma descontrolada o permitir que los animales tengan acceso libre a su alimento. Además, varios especialistas apuntan a que la obesidad se ha convertido en uno de los principales problemas de salud en la práctica clínica veterinaria en España, especialmente en perros de mediana y avanzada edad.

Este exceso de disponibilidad puede favorecer no solo el aumento de peso, sino también problemas digestivos, articulares y de comportamiento derivados de la ansiedad por la comida. Como recuerda el informe, los animales no siempre saben poner freno a su apetito, y muchos propietarios tampoco ajustan las raciones según el tamaño, actividad o etapa vital del animal.

El acceso ilimitado al alimento, además, complica la detección de posibles problemas de salud. Una reducción en la ingesta de comida suele ser uno de los primeros síntomas cuando un perro no se encuentra bien. Si no hay control sobre las cantidades que consume, es fácil pasar por alto estas señales de alerta.

Por qué los horarios también educan

Frente a la alimentación libre, la alternativa más recomendada es la alimentación programada, establecer unas horas fijas en las que el perro recibe su ración diaria, ajustada a sus necesidades.

Este sistema no solo permite controlar mejor su peso y salud digestiva, sino que además tiene un efecto directo sobre su comportamiento. Los perros, como los humanos, son animales de rutinas. Saber cuándo toca comer les proporciona estabilidad y reduce la ansiedad.

«Muchos de los problemas de ansiedad o de conductas impulsivas que nos comentan los cuidadores están relacionados con la falta de rutina en aspectos tan básicos como la alimentación», explican desde Kitypet. «Programar las comidas permite establecer un orden diario que ayuda al perro a estar más tranquilo, saber qué esperar y adaptarse mejor a la convivencia en casa.»

Ni mucho ni poco, la pauta diaria depende de cada perro

En cuanto a las raciones diarias, mayoría de los perros adultos se benefician de dos tomas diarias, una por la mañana y otra por la tarde o noche. Dividir la cantidad total de alimento en dos porciones permite mantener su metabolismo activo sin sobrecargar el aparato digestivo.

En el caso de los cachorros, sin embargo, las necesidades son distintas. Durante sus primeros meses de vida requieren más energía y, por tanto, más comidas al día, generalmente tres tomas diarias hasta que alcanzan la madurez.

«Cada perro es un mundo, por eso es importante ajustar la frecuencia de las tomas según su edad, tamaño, nivel de actividad y posibles patologías», añaden de Kitypet. «Una alimentación equilibrada, bien planificada, es una inversión directa en la salud a largo plazo del animal.»

Un aspecto que a menudo se subestima es el efecto de las chuches, premios y pequeños «caprichos» que vamos ofreciendo entre horas. Aunque puntualmente son útiles para el adiestramiento o como refuerzo positivo, su abuso puede descompensar las necesidades calóricas diarias del perro.

En definitiva, establecer un horario de alimentación no es solo una cuestión de controlar cantidades, sino de ofrecer a nuestra mascota un entorno predecible, ordenado y adaptado a sus necesidades. Los perros, como animales de costumbres, agradecen la regularidad: saber cuándo toca comer, pasear o descansar les proporciona seguridad y reduce comportamientos indeseados. Y si además conseguimos evitar problemas de salud como la obesidad o los trastornos digestivos, el beneficio es doble: ganamos en bienestar para ellos… y en tranquilidad para nosotros.

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