USA 2025
131 min.
Dirección
Paul Feig
Guion
Rebecca Sonnenshine
, según la novela de Freida McFadden
Fotografía
John Schwartzman
Música
Theodore Shapiro
Intérpretes
Sydney Sweeney, Amanda Seyfried, Brandon Sklenar, Michele Morrone, Indiana Elle, Elizabeth Perkins, Megan Ferguson, Ellen Tamaki
En una operación muy similar a la perpetrada hace unos años a propósito de
50 sombras de Grey
de la escritora E.L. James, el cine fija ahora su atención en
otro éxito superventas de ese tipo de literatura
que todavía a estas alturas se considera
para chicas
. El erotismo de celofán que caracterizaba aquella serie hace también su aparición en este
thriller psicológico
, incluido el ramillete de canciones pop destinadas a acompañar las ridículas secuencias sensuales que jalonan este
batiburrillo de manías y psicopatías extremas
. En la dirección tenemos a un especialista en comedias protagonizadas por mujeres, muy gamberras al principio (
La boda de mi mejor amiga, Cazafantasmas, Espías, Cuerpos especiales
), más sofisticadas después (
Un pequeño favor
y su secuela). Precisamente estas dos últimas son las que más parecido guardan con lo que propone ahora, un
thriller presuntamente elegante y sofisticado
que pretende ironizar con la alta burguesía norteamericana, reduciéndola a un simple cliché a fuerza de unos esmerados diseños de escenografía y vestuario. El origen está en
una novela de la doctora y prolífica escritora Freida McFadden
, productora de la película junto a sus dos protagonistas. Especialista en enfermedades neurológicas, se puede imaginar por dónde van los tiros de esta película en la que una joven de pasado turbio (la trumpista
Sydney Sweeney
de
Cualquiera menos tú
y
Edén
) es contratada para servir como asistenta en una lujosa mansión habitada por una mujer con cierto desequilibrio (
Amanda Seyfried
en modo intenso), su marido amable y seductor (
Brandon Sklenar
,
Romper el círculo, La cita
), y una hija pequeña y algo repelente. La galería de personajes se completa con una suegra disfrazada de Miranda Priestley (la veterana Elizabeth Perkins) y un jardinero que no aporta más que un potente físico latino (Michele Morrone, visto también en
Otro pequeño favor
). Todo está milimétricamente concebido para gustar, resultar
entretenido y atractivo
, mientras la trama se va tornando más rocambolesca conforme avanza, derivando en el consabido festín de
violencia y truculencia
que tanto gusta al actual cine estadounidense, de forma que toda cuestión, por seria y trágica que sea,
acaba sufriendo la consabida frivolización
. Hay dos novelas más protagonizadas por la misma asistenta, lo que sin duda se traducirá en otras dos películas con sus considerables dosis de
intriga, erotismo superfluo y violencia extrema
.

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