USA-Irlanda-Francia 2025
110 min.
Guion y dirección
Jim Jarmusch
Fotografía
Yorick Le Saux
y
Frederick Elmes
Música
Jim Jarmusch y Annika Henderson
Intérpretes
Tom Waits, Adam Driver, Mayim Bilaik, Charlotte Rampling, Cate Blanchett, Vicky Krieps, Indya Moore, Luka Sabbat, Sarah Greene, Françoise Lebrun
Últimamente no parece tener mucho tirón ganar el
León de Oro en Venecia
. El director de
Extraños en el paraíso, Down by Law
y
Los límites del control
, lo ha hecho este año y su película apenas se ha distribuido directamente en internet en su país de origen. Sorprende porque se trata de
una mirada inteligente, delicada y poética a las relaciones básicas entre los miembros de la familia nuclear
. Llega en este momento justo en el que el reencuentro con progenitores y fraternidad se convierte en tradición ineludible que no todos y todas disfrutan por igual. Partimos de la base de que
se trata del modelo anglosajón
, donde impera más la independencia y el desarraigo a edades adultas, que en países de corte latino. Pero no hay que olvidar que la agresiva invasión cultural del Tío Sam alcanza también a nuestros lazos familiares, por lo que
no nos resultan ajenas las situaciones que Jarmusch plantea
en esta singular y hermosa película. Amante de las
historias por episodios
, como evidenció en
Mystery Train
y, sobre todo,
Noche en la tierra
, y siguiendo la estela de ese cine oriental, sencillo y preciso, al que tanto interés profesa el director de
Dead Man
y
Ghost Dog
, en su última película plantea tres historias en cierta medida encadenadas que nos presentan el reencuentro de un hermano y una hermana con su padre, para
rendirse al desapego y el vuelo libre
de quien se sabe estar jugando sus últimas cartas, el de dos hermanas con su madre, que se centra en la
frustración de retener
a duras penas a unas hijas a las que parece no conocer, y el de otros hermano y hermana, gemelos para más seña, con el aspecto de
conexión y dependencia que ello conlleva
, que cuando deciden conocer a sus singulares padres, ya parece tarde. Con detalles recurrentes que conectan las historias, unos patinadores de skate libres y despreocupados, un Rolex símbolo de la conveniencia, o un brindis con agua, elemento puro por antonomasia, Jarmusch
va tejiendo sus sencillas historias
con la poética demostrada en títulos como Paterson, y la inteligencia suficiente para generar alrededor de
cada personaje un pasado y un futuro
, que adivinamos gracias a un libreto intelectual y brillante. Mientras, las sobresalientes interpretaciones de un elenco integrado por
colaboradores y colaboradoras algunas incondicionales del cineasta
, todos y todas en estado de gracia, así como las atractivas localizaciones en la exuberante naturaleza de New Jersey, el extrarradio de Dublín y las céntricas calles de París, logran redondear
un producto disfrutable, desde su vocación hipnótica, de principio a fin
.

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