VERTEDEROS I. Cuatro generaciones de Vertederos alrededor de Utrera

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Antonio de la Rosa

Fotografía cortesía de Juan Antonio Fernandez (El Largo) ©

Los utreranos llevan tanto tiempo conviviendo con los vertederos, que han acabado por asimilarlos.

El niño que hizo la primaria en la desaparecida escuela de las Veredillas, se asomaba por las ventanas y el telón de fondo de la parte de atrás era un vertedero donde descargaban todos los escombros de una barriada en la que cada nuevo vecino  auto-construía su futura vivienda. Sobre aquél vertedero que ocupaba un espacio pendiente de ordenar, terminó levantándose el actual colegio Tierno Galván.

Los niños después pasaron al recién construido en Elena Canel, actual Jose Antonio Velasco, desde sus ventanas siguieron viendo una zona también muy degradada, era la parcela de las calles que ahora son Marcos de Cabrera y Francisco Pastor.

Igual suerte corrió el espacio ocupado ahora por la barriada de San Joaquín, en los primeros setenta, el que suscribe estuvo gamberreando por allí, arreando con una estaca a las cabezas de las cardanchas como si estuviera jugando el béisbol en medio de un caos de escombros.

La barriada que está detrás de San José también fue un lugar de desechos hasta que terminó por completarse su urbanización.

En el primer tramo a la derecha de la carretera de Los Palacios, a continuación de lo que ahora es “el Día”, donde hay un almacén de coches de ocasión, ahí hubo un vertedero al menos desde los años sesenta en adelante.

He descrito la parte de Utrera que en aquella mi corta edad alcanzaba a abarcar, pero ese mismo fenómeno se repetía por todos los alrededores de aquella Utrera que estaba creciendo. La falta de ornato que provocan los vertederos, se desparramaba por todo nuestro perímetro… Igual que lo hacen ahora. Unos vertederos tienen más suerte que otros, mientras más cerca estén del casco urbano, más posibilidades tienen de ser absorbidos y reconvertidos en edificaciones y vías públicas.

Es un fenómeno que nos acompaña de generación en generación, desde la tardo-dictadura hasta pasados ya 50 años de democracia, son ya tres generaciones de utreranos los que han nacido, crecido y emancipado rodeados de vertederos. Hasta el punto que han terminado por naturalizar algo que debía provocarles rechazo.

Algún niño de los que estudiaron en la escuela de las Veredillas acabaron pasando por el Instituto, y durante años estuvieron cogiendo el tren para ir a la Universidad, ya estaban inmunizados, se habían formado junto a una escombrera, y desde el tren no se percataban de la cantidad de vertidos que guarrean el paisaje.

Lo mismo es aplicable a los niños que estudiaron en el Colegio de los Militares (Alfonso de Orleans), detrás han tenido durante años una escombrera de más de veinte Hectáreas, pero nunca nadie protestó, ni la comunidad educativa, ni la judicial, ni los vecinos, ninguna Corporación Municipal o agente medio ambiental.

Generación tras generación, ahora nuestros nietos disfrutan volando la cometa en el vertedero que les ha tocado vivir,  siguen soportando, como narcotizados, inmunizados ante ese fenómeno de vertederos cambiantes que desaparecen después de décadas, para mudarse a otro sitio.

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