Utreranos que vivieron el horror de los campos de concentración nazis

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Al menos cinco utreranos, que tenían entre 24 y 42 años, perecieron en estos terroríficos recintos ideados por el régimen nazi

El siglo XX está marcado de manera inevitable por el horror en dimensiones difíciles de entender desde el punto de vista de la razón humana. La Primera Guerra Mundial, denominada en aquellos momentos como la Gran Guerra, inauguró de una forma brutal una centuria que estaría plagada de momentos que han quedado en la historia y que el ser humano nunca debería de repetir. Dentro de esta escalada, la Guerra Civil española supuso un momento muy importante, dando paso posteriormente a la Segunda Guerra Mundial, dos conflictos que muchos historiadores estudian de manera conjunta, ya que realmente están relacionados de manera estrecha.

Aunque pueda parecer extraño, hubo utreranos que vivieron en sus carnes la dimensión más terrible de la Segunda Guerra Mundial, como fueron los campos de concentración que instalaron en diferentes lugares de Europa las fuerzas militares nazis. Una serie de utreranos que, tras combatir en muchos casos en el bando republicano durante la Guerra Civil, se alistaron en las fuerzas aliadas con la esperanza de que una victoria ante las potencias del eje sirviera para que los aliados liberaran a España, que ya en aquellos años estaba gobernada por Franco. Utreranos que vivieron el doble horror que supuso la contienda civil, la Segunda Guerra Mundial y que terminaron falleciendo en un campo de concentración nazi.

Tal y como indica el historiador utrerano Antonio Cabrera Carro, colaborador de COPE Utrera (98.1 FM), en los registros hay constancia de que fallecieron en el «campo de concentración de Gusen cuatro utreranos: Juan Navarro Saborido, Diego Zambrano Menacho, Luis Aguilera Martín y Manuel Hernández Gil». Cabrera cita como fuente principal de información a la hora de profundizar en este tema el libro ‘Utrera 1936. Ocupación militar y represión’, escrito entre otros por el utrerano Javier Castejón. El historiador apunta también que, «aunque no aparece registrado en los documentos, también se ha reivindicado el nombre de Juan Rodríguez Payán como otro de los utreranos que falleció en este campo».

Todos estos utreranos fallecieron durante su estancia en este campo de concentración, entre el 7 de marzo y el 6 de diciembre de 1941, teniendo edades comprendidas entre los 24 y los 42 años. Sólo pudieron aguantar unos meses el trato recibido, que fue el lugar elegido por los alemanes para llevar a casi todos los españoles que tuvieron que pasar por esta auténtica pesadilla. Las fuentes documentales indican que estuvieron en este campo de concentración unos 7.200 españoles, de los cuales terminaron falleciendo unos 5.000.

El campo de concentración de Gusen, que era un campo de trabajos forzados, estaba en tierras austriacas, a unos 20 kilómetros de la localidad de Linz, y formaba parte de un complejo en el que también se encontraba el tristemente famoso campo de Mauthausen, que ha quedado en cierta manera grabado en la memoria como uno de los lugares más oscuros de la historia. Lo cierto es que de los 5.000 españoles que terminaron muriendo en este complejo de campos de concentración y de exterminio, el 80% murieron en el campo de Gusen, donde lo hicieron estos utreranos. Una serie de campos en los que las fuerzas aliadas no pudieron entrar hasta el 5 de mayo de 1945, momento en los que las instalaciones ya habían sido completamente abandonadas por los oficiales del ejército alemán y se encontraron a algunos prisioneros que en un lamentable estado de salud se aferraban a la vida de una manera extraordinaria.

El complejo Mauthausen-Gusen, al que fueron enviados estos utreranos, era considerado por los alemanes el lugar elegido para exterminar a los que eran considerados como «enemigos políticos incorregibles del Reich», y fue uno de los campos de concentración en los que se emplearon algunas de las más extremas crueldades.

Un lugar donde se encontraba la conocida como ‘escalera de la muerte’, que fue construida por los propios presos para acceder a una cantera próxima y en las que perecieron miles de personas a las que los nazis enviaban a cargar grandes bloques de granito. Se trataba de una escalera de 186 escalones, en la que los extenuados prisioneros tenían que portar bloques de piedra, en algunas ocasiones de hasta 50 kilos de peso, por lo que en muchas ocasiones, cuando les fallaban las fuerzas, caían, muriendo en la propia escalera u ocasionando graves daños al resto de personas que transitaban por ella en ese momento.

Al menos cinco utreranos fallecieron en estos recintos de la muerte, a donde fueron encerrados a causa de sus ideas políticas, y de los que apenas sabemos hoy en día sus nombres y sus edades. Hace unos años se anunció que iba a tener lugar una exposición y una mesa redonda dedicada a la memoria de estos desafortunados ciudadanos, algo que finalmente no se llevó a efecto.

Así, igual que se ha dedicado un espacio de memoria en el cementerio municipal para los utreranos que fallecieron durante la contienda civil, sería justo que exista en la ciudad algún tipo de homenaje permanente a estos utreranos que conocieron de cerca el horror de un recinto que nunca debió de existir.

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