Una estampa tradicional de los caminos y veredas de Utrera es que la protagonizan las populares chumberas. Esta planta lleva cuatro siglos asentada, marcando el paisaje que muchas generaciones tienen en su retina. Sin embargo, esa estampa está muriendo definitivamente como consecuencia de una plaga que está arrasando con todas ellas.
La cochinilla del carmín es la responsable de esta situación, que se extiende por toda Andalucía y las comunidades limítrofes, donde se asienta esta planta silvestre. Al estar considerada una especie exótica invasora, no autóctona, las administraciones han decidido dar la espalda casi en su totalidad a este problema y no actuar para erradicar esta plaga.
Pasear por los caminos que circundan Utrera permite contemplar kilómetros interminables de chumberas resecas y cubiertas de masas blancas algodonosas, que ponen de manifiesto el fin de la planta. A pesar de que esta especie se encuentra perfectamente integrada, el paisaje natural va camino de cambiar radicalmente ante la falta de actuaciones que permitan poner fin a esa situación. Así las cosas, agricultores y ganadores piden que se apueste por su defensa y se adopte como una planta que ya forma parte del patrimonio paisajístico de esta zona,
Tradicionalmente, la chumbera ha servido para delimitar parcelas y como defensa de los animales. Además, durante épocas de carestía, y también ahora, ha servido como alimento para muchas personas, gracias a los higos chumbos que se recogen de estos arbustos. Todo ello pasará a la historia como consecuencia del daño que la cochinilla viene provocando en dichas plantas.
Este insecto aprovecha las altas temperaturas para propagarse por el viento y debilita a la chumbera por succión de la savia. De esta forma destroza una especie que llegó desde América –concretamente desde México- en el siglo XVI, tras el descubrimiento del Nuevo Mundo.

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