Roy Madavana lleva 15 años celebrando las Navidades lejos de su hogar. La primera Navidad que pasó fuera de casa fue en Madrid, su primer destino. «Al principio sentí añoranza, pero con el tiempo me he acostumbrado», reconoce. Un total de 8.188 kilómetros le separan de su país de origen, India, donde por estas fechas «es costumbre montar los típicos belenes, además de colocar una estrella en las casas».
Este sacerdote define este período como «una época en la que la alegría se mezcla con la tristeza», siendo unas fechas que vive con intensidad: «durante mi etapa en Marchena fui paje real, formé parte del belén viviente como rey mago y participé en la cabalgata de la iglesia». Desde que se instaló en Utrera, celebra el día de Nochebuena junto a la familia del también presbítero Joaquín Reina, con quien comparte trabajo en la parroquia de Santa María de la Mesa. Al igual que en España en su tierra también celebran la misa del gallo. Un día en el que la asociación de jóvenes legionarios de la Virgen María inaugura el belén que han construido, y además la parroquia realiza algún sorteo y en la tarde los jóvenes visitan las casas, cantando villancicos y llevando la imagen del Niño Jesús. Tras festejar la Natividad, la familia se reúne en el hogar para hacer una oración y el patriarca parte una tarta, que se reparte entre todos. Ya el día 25 de diciembre, se prepara un gran banquete para almorzar.
Lejos del núcleo familiar, la Nochevieja suele festejarla con amigos. «En mi país no comemos las uvas. Celebramos en la parroquia la despedida e inicio del año. Y también es típico hacer un sorteo para elegir al bebé del año y otro en el que se elige a una familia encargada de rezar por toda la parroquia durante todo el año», explica. Unas Navidades a miles de kilómetros de casa donde lo realmente importante es el cariño que le aportan los compañeros y amigos.


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