Ni la lluvia quiso perderse un Viernes Santo para olvidar. Con la hermandad de Jesús Nazareno teniendo que regresar a su templo ante las intensas precipitaciones que se registraban, con la Vera-Cruz debiendo recortar su itinerario por la amenaza de más agua, y con Los Milagros decidiendo suspender su estación de penitencia, lo mejor sería haber despertado rápido de esta pesadilla.
La información que manejaba la corporación con sede en la capilla de San Bartolomé apuntaba a la posibilidad de que, durante su recorrido por Utrera, se registraran precipitaciones de carácter débil. Por eso decidía echarse a la calle, con la esperanza de que la ligera llovizna que empezó a caer cuando el paso de palio de la Virgen de las Angustias salía del templo terminara desapareciendo.
Sin embargo, la realidad iba a ser bien distinto. La lluvia se hizo cada vez más intensa, obligando a que los pasos emprendieran rápidamente su camino de regreso a la iglesia, pocos instantes después de iniciarse la procesión. Junto a ellos, los nazarenos, las bandas de música y decenas de personas que acompañaron a la hermandad de Jesús Nazareno en unos momentos especialmente complicados.
A pesar de haberlo intentado, la meteorología truncaba cualquier posibilidad de realizar la estación de penitencia en la mañana del Viernes Santo. El desánimo y las lágrimas dejaron espacio, ya de regreso en la capilla, al rezo hecho saeta en las voces de varias personas. Tras un par de horas abierta, la iglesia cerraba sus puertas para que el equipo de priostía realizara los trabajos necesarios en torno a las imágenes titulares y sus pasos. No obstante, a pesar de la lluvia, el hermano mayor de esta corporación anunciaba, ya por la tarde, en declaraciones a «El Transistor Cofrade», de COPE Utrera (98.1 FM), que no se había registrado ningún tipo de daño en el patrimonio de la hermandad.
En la segunda parte de la jornada, las primeras miradas se centraban en la iglesia de San Francisco, donde la Vera-Cruz decidía iniciar su estación de penitencia, aunque siempre pendientes de posibles previsiones meteorológicas posteriores que llevaran a modificar el recorrido y regresar al templo, en caso de ser necesario. Y precisamente eso ocurrió: tras pasar por el convento de las Hermanas de la Cruz, cuando la hermandad caminaba hacia la carrera oficial, se conocía que, después de pasar por ese punto de paso para todas las cofradías situado en la plaza del Altozano, el cortejo procedería a su recogida en la iglesia ante la amenaza de lluvia.
A pesar de que las precipitaciones no llegaron a hacerse presentes mientras la hermandad estuvo en la calle, el regreso a su sede canónica se produjo sin florituras, con los pasos entrando de frente, sin girarse a modo de despedida al público que se daba cita en aquel entonces. Con el cortejo a salvo, se vivían momentos emotivos en torno a la Virgen de los Dolores y al Señor Atado a la Columna, al escucharse un par de marchas procesionales en el interior, y las lágrimas se mezclaron con los vivas a los titulares de la cofradía, culminando con el canto de una salve ante el palio de la dolorosa.
Mientras se vivía el regreso precipitado de la Vera-Cruz, en la parroquia de Santa María de la Mesa se abría una de las puertas para que los cofrades pudieran entrar a contemplar al Cristo de los Milagros. La junta de gobierno de la hermandad había tomado la decisión de suspender su estación de penitencia en la noche de este Viernes Santo. La probabilidad de que la lluvia apareciera hizo a la corporación penitencial acordar esta medida, posiblemente habiendo pesado la situación vivida horas antes en la ciudad.
Con el interior de la iglesia dispuesto en penumbra, durante el tiempo en que permaneció el templo abierto pudo escucharse el órgano, así como diversos del grupo de voces masculinas que debía acompañar al crucificado en su recorrido penitencial.
De esta forma se vivía un Viernes Santo que nadie deseaba, donde las circunstancias meteorológicas empañaron las ilusiones de los miembros de las tres hermandades de la jornada que, de una u otra manera, vieron truncadas las esperanzas de dar público testimonio de su fe por las calles de la localidad.
Jesús Nazareno
Vera-Cruz
Milagros

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