«La Trinidad es mi casa y es muy difícil concebir una Semana Santa sin mi hermandad»

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El conocido utrerano Curro Sánchez-Noriega lleva casi un cuarto de siglo como capataz del paso de la Virgen de los Desamparados

La historia de Curro Sánchez-Noriega en relación al mundo de las cofradías y la Semana Santa que comienza en la más tierna infancia de este conocido utrerano, que se ha convertido por pleno derecho en una cara muy conocida de cada Jueves Santo. Curro es el capataz del paso de la Virgen de los Desamparados de la hermandad de la Trinidad desde hace 24 años. Esta Virgen, la hermandad de la Trinidad y la Semana Santa ocupan un lugar preponderante en la vida de este utrerano.

Es a través de su familia como comienza la vinculación de Curro con la hermandad de la calle Cristo de los Afligidos, una corporación que con el paso de los años se ha convertido en un pilar central para él. «Mi infancia es la hermandad de la Trinidad, mi hermandad es mi casa», explica el propio Curro, quien recuerda incluso «hacer los deberes que traía del colegio por las tardes en la misma iglesia».

Junto a otras familias, su padre fue una de esas personas que a comienzos de los 90 tomaron las riendas de una hermandad que en aquellos momentos se encontraba en una situación muy complicada y, poco a poco, con mucho trabajo, fueron capaces de revertir las dificultades. Han pasado los años y hoy son los hijos de aquellos los que manejan el timón de esta hermandad utrerana que es vital para conocer el Domingo de Ramos y el Jueves Santo.

El padre de Curro fue monaguillo, nazareno y capataz en la hermandad, por lo que él siempre quiso seguir su camino, y cuenta que, «cuando tenía sólo siete años, ya me pusieron delante del paso de la Virgen, y desde entonces no me he querido mover de ahí. Los mayores me han cuidado siempre mucho».

La Virgen de los Desamparados

Desde el año 2000 es el encargado de dirigir la cuadrilla del paso de la Virgen de los Desamparados y ha hecho lo posible y lo imposible para no faltar ni un año a su cita y disfrutar de todo lo que para él significa la Semana Santa. «Para mí es muy difícil concebir una Semana Santa sin mi hermandad y, en alguna ocasión, cuando no hemos podido salir debido a la lluvia un Domingo de Ramos o un Jueves Santo, la verdad es que me siento muy perdido, no sé qué hacer».

Curro ya lleva más de la mitad de su vida al cargo del llamador de uno de los pasos más emblemáticos de la Semana Santa de Utrera y lo cierto es que incluso ha amoldado su trayectoria profesional para poder seguir disfrutando de lo que para él es mucho más que una simple tradición. Por eso consiguió hacer auténticos encajes de bolillos los años que estuvo trabajando en tierras catalanas, como jefe de cocina en el restaurante Celler de Can Roca, para venir a Utrera cada fin de semana y poder sacar a su Virgen por las calles de la localidad. De igual manera, los años en los que estuvo al frente de Besana Tapas no fueron impedimento para continuar con su pasión, ya que el establecimiento cerraba sus puertas de manera invariable en Semana Santa.

«Pase lo que pase, de una manera u otra, independientemente de lo que el tiempo nos tenga reservados, siempre voy a estar ligado a la hermandad y siempre voy a estar delante de mi Virgen», cuenta el propio Curro, quien confiesa también que «a mi mujer, que es catalana, ya la tengo incluso abducida con la hermandad».

El Arco de la Villa

En la actualidad, este utrerano es el encargado de dirigir una de las maniobras más complicadas y, al mismo tiempo, más esperadas de toda la Semana Santa de Utrera. Se trata del instante en el que el paso de la Virgen de los Desamparados se enfrenta al Arco de la Villa, una tradición que instauró José Luis Escala con su cuadrilla en el año 1977.

Curro explica que «el arco es algo con lo que he tenido la suerte de convivir desde muy pequeño, es algo muy cercano para mí y es posible que haya momentos de nuestro recorrido, como puede ser la entrada o la salida de la capilla, que incluso me generan más nervios que el propio arco».

Y todo ello porque, a lo largo de los casi 50 años que se lleva ejecutando esta complicada prueba, Curro cuenta que «es algo que ha evolucionado mucho y siguiendo el legado de Antoñín Lobato desde el año 1994, se puede decir que se ha profesionalizado. Es decir, hoy en día estudiamos minuciosamente todos los elementos que influyen en este momento y nos preocupamos más para hacerlo lo mejor posible».

Un instante que para Curro es único, que asegura de manera contundente que «jamás lo quitaría de la hermandad, es un sello nuestro y un punto fundamental de nuestro recorrido».

 

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