Rumanía-Francia-Bosnia y Herzegovina-Croacia-República de Macedonia 2016 173 min.
Guión y dirección Cristi Puiu Fotografía Barbu Balasoiu Intérpretes Mimi Branescu, Dana Dogaru, Ana Ciontea, Marin Grigone, Bogdan Dumitrache, Tatiana Iekel, Sorin Medeleni, Catalina Moga, Judith State, Rolando Matsangos
Una extremadamente compleja y claustrofóbica película con la que el realizador de La muerte del señor Lazarescu nos invita a una incómoda reunión familiar para rendir tributo al patriarca fallecido en la cuarentena de su deceso. Casi tres horas de interminables discusiones en torno al terrorismo y las conspiraciones internacionales justo unos días después del atentado de Charlie Hebdo, las infidelidades conyugales, la religión, el comunismo y la monarquía y un sinfín de conversaciones que generan un clímax a menudo irrespirable, y siempre a la espera de un almuerzo que nunca llega obstaculizado por diversas razones, en un ejercicio claramente surrealista que recuerda en cierto modo al Buñuel de El ángel exterminador. Y no es el único referente español que nos viene a la cabeza en esta película de temperamento parecido al nuestro como es el rumano, pues su estructura coral y esperpéntica nos trae a la cabeza también a Berlanga y los guiones de Azcona. Puiu tiene el acierto de situarnos al nivel de uno de los protagonistas, el más cabal y preparado de la plebe, con quien adoptamos el punto de vista quizás menos dañino y más juicioso de la función, para envolvernos con cuestiones que preocupan no sólo a ese país sino a cualesquiera otros con cuyas familias no resulta difícil parangonarse, y siempre bajo el yugo evidente de una serie de estructuras y creencias que nos impiden progresar como civilización. Su largo metraje se revela necesario para afrontar ese proceso de empatía con los personajes y las situaciones, algunas tan hilarantes como grotescas, que plantea.
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