«Si se hace una psicofonía en El Torbiscal, lo que puede registrar la grabación es alegría y felicidad»

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En el año 1947 comenzaba la construcción del poblado de El Torbiscal, situado muy cerca de la carretera Nacional IV, en el término municipal de Utrera. Era un núcleo de población que nacía gracias a una iniciativa pionera, para proporcionar un hogar idílico para las familias de los trabajadores de la finca del mismo nombre, que se situaba prácticamente al lado. En la actualidad apenas quedan escombros de lo que fue esta ciudad en miniatura, que llegó a ser calificada como un «oasis en el desierto» y que permanece muy viva en el corazón de las personas que allí habitaron.

Es el caso de , que residió en El Torbiscal desde 1964 hasta 1983. Recaló en este enclave acompañada de su marido Pepe Torralba, que ejercía como profesor en este rincón de la campiña utrerana. Al echar la vista hacia atrás, María del Carmen solo tiene buenos recuerdos de este particular pueblo, que llegó a contar con más de 500 habitantes y que, naciendo de la nada, tenía importantes infraestructuras como un colegio, iglesia, teatro, consultorio médico y hasta un centro social.

«Se han dicho muchas barbaridades sobre el Torsbical. Es falso que a los que vivíamos allí nos pusieran una furgoneta en la puerta de nuestra casa cuando terminaba nuestro trabajo. Todos sabíamos que, cuando nos jubiláramos, nuestro futuro estaba fuera de allí», explica esta utrerana que pasó cuatro décadas de su vida en este lugar.

María del Carmen Camacho

María del Carmen Camacho

Hoy en día, paseando por las ruinas de lo que fue el poblado, es complicado entender la vida que llegó a tener este enclave, donde se consiguió poner en marcha un sistema de organización pionero para la época, que facilitaba la vida de los trabajadores y posibilitó incluso que sus hijos pudieran estudiar una carrera. «Había un sistema de becas para que nuestros hijos pudieran ir a la universidad o aprender un oficio, algo que en aquellos años no era nada fácil para el hijo de un humilde trabajador», explica María del Carmen.

Aunque muchas de las construcciones de El Torbiscal han sido derribadas, ya que los propietarios aseguran que estaban en estado ruinoso, edificios muy representativos de este lugar, como el teatro -que tenía una capacidad para 200 personas- y la iglesia, siguen todavía en pie, gracias a la actuación del Ayuntamiento de Utrera, que pidió a los propietarios que no derribaran dichos edificios por su singularidad. Algunas de las casas, donde vivían los trabajadores, se encuentran tal y como estos las dejaron. Mecedoras en las puertas para tomar el fresco, almanaques colgados en las paredes, juguetes abandonados en los dormitorios y calificaciones escolares olvidadas en un rincón del salón.

El estado ruinoso en el que se encuentra El Torbiscal y el hecho de encontrarse en un lugar donde no existen cerca otros núcleos de población, ha provocado que circulen por la red algunos vídeos de aficionados a la parapsicología, grabados de noche, donde se apunta la posible existencia de sucesos paranormales en este enclave. «En el Torbiscal no hay fantasmas, lo que existe son muchos sentimientos. Si se hace allí una psicofonía, lo único que puede retumbar y registrarse en la grabación es alegría y felicidad, porque allí no nos faltaba absolutamente de nada», explica María del Carmen Camacho.

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Durante varias décadas, la finca de El Torbiscal y el poblado del mismo nombre, fueron considerados como un auténtico modelo a seguir, tanto como explotación agrícola donde se aplicaban los más modernos métodos de gestión como por ser un lugar de convivencia modélica, donde los trabajadores podían tener acceso a todo lo que necesitaban, en unos años en los que la escasez era la nota predominante en muchos hogares españoles.

Esta zona seguía el modelo que se aplicaba en muchas zonas de España con los famosos poblados de colonización de la época franquista, con la particularidad de que El Torbiscal siempre fue una ciudad en miniatura de titularidad privada, en concreto de la familia De la Cámara.

El corazón de gran parte de las personas que vivieron experiencias vitales en El Torbiscal da un vuelco cuando ven el estado en el que se encuentra en la actualidad el poblado. Hace algún tiempo, los propietarios del terreno en el que se ubica comenzaron a llevar a cabo el derribo de los edificios que allí se encuentran, aunque finalmente no se llevó a cabo de manera íntegra. A través de la intervención del Ayuntamiento de Utrera se han podido proteger edificios como el teatro y la iglesia, aunque el resto no correrán la misma suerte, ya que carecen de interés artístico y no se encuentran en buen estado. Solo el tiempo desvelará cuál puede ser el próximo capítulo de este trozo de tierra y escombros donde están enterrados tantos sentimientos.

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