El santuario de Consolación, un templo que guarda una mística especial y que es uno de los centros religiosos más importantes de toda la provincia de Sevilla, no tiene secretos para la utrerana Rosario García García que, durante casi 30 años, ha trabajado como santera dentro de estos centenarios muros. Ha limpiado de rodillas hasta el último rincón de la iglesia, ha atendido a miles de personas y ha vivido decenas de situaciones que no se pueden explicar con palabras, solo con sentimientos.
Rosario comenzó a trabajar como limpiadora del santuario en 1984, para luego realizar más funciones, entre las que destacaban la recepción de todos los visitantes al santuario, la venta de recuerdos e incluso la información a los fieles. Un puesto que ocupó hasta el año 2010, momento en el que se jubiló y tomó el testigo su hija Eva, que es quien ocupa su puesto en la actualidad. Aunque sus labores profesionales terminaron, de ninguna manera acabó su relación especial con el santuario de Consolación.
Rosario, una persona muy conocida en la localidad, ya que por el santuario pasan desde hace décadas cada día cientos de personas, vivió de cerca todo lo que significa el famoso «cuarto de los milagros», un espacio muy curioso que existía en el santuario donde los fieles depositaban todo tipo de objetos para la Virgen. En este cuarto, utreranos y visitantes dejaban trajes de novia, de comunión, botas de fútbol, trajes de luces, trenzas de pelo y todo tipo de elementos inimaginables. «Llegó un momento en el que ya no había sitio para nada e incluso el cuarto estaba a punto de hundirse, por lo que hubo que desalojarlo todo», recuerda la propia utrerana la decisión que tomaba el rector del santuario en 2007.
Rosario ha vivido todo tipo de situaciones y anécdotas en su puesto, recordando incluso como en una ocasión sorprendió a una persona «descosiendo el forro del manto de la Virgen para dejar ahí las cenizas de un ser querido», situaciones que también se han vivido en la puerta del propio santuario y en el altar donde se encuentra la Virgen de la Amargura. También recuerda con estremecimiento cómo una vez «un señor que tenía problemas para caminar venía andando desde Arahal y cuando vio que estaba cerrando el santuario se tiró al suelo llorando, porque me contó que venía de promesa para que su hija, que estaba enferma de cáncer, se curara. Inevitablemente me conmovió y le abrí el santuario». La utrerana cuenta que ha habido casos de «personas a las que les habían diagnosticado una enfermedad que no tenía cura, han venido sus familiares peregrinando para pedir por ella, esa persona se ha curado y después han venido todos, incluso los médicos para dar las gracias a la Virgen».
Casi 30 años en un templo con una historia y una devoción tan importante como Consolación dan para mucho, y Rosario ha podido vivir en primera persona las mejoras que ha experimentado el templo en las últimas décadas. Ella misma se ha tenido que remangar para achicar agua cuando todavía no se había arreglado la cubierta y la nave del templo se inundaba cada vez que llovía y también ha sentido de cerca los numerosos robos que ha sufrido el santuario en los últimos años.
La atracción de la Virgen ha llevado hasta el santuario a famosos como Lola Flores, Antonio Gala o María Jiménez, que Rosario ha tenido la suerte de conocer, y a familias ganaderas como los Guardiola, Candau o Murube, que han contribuido económicamente en las distintas reformas que se han llevado a cabo en el templo.
Consolación sigue siendo fundamental en la vida de Rosario ya que, como ella misma afirma, «vengo todos los días; si no vengo, siento como si me faltara algo».

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