La calidad del servicio está muy lejos de unas condiciones aceptables ante los constantes problemas que existen
Desplazarse en un tren de Cercanías es algo así como jugar a la ruleta rusa, ya que nunca se sabe qué desagradable sorpresa puede deparar el servicio. Las condiciones de este medio de transporte, que cada día utilizan centenares de utreranos, se encuentran muy lejos de las que podrían considerarse medianamente aceptables.
Desde hace demasiado tiempo es muy habitual que los problemas, las incidencias, los retrasos, o directamente la eliminación de viajes, marquen la rutina del servicio. Llegar a la estación sin saber a qué hora se llegará al destino se ha convertido en la dinámica habitual de los muchos viajeros que emplean el Cercanías para desplazarse.
El inicio del nuevo curso no ha traído consigo la esperada mejora. Solo hay que echar un vistazo a los avisos que la propia Renfe muestra en su aplicación para confirmar que las demoras forman parte de la rutina. A ello, además, hay que sumar la supresión de algunos servicios, que han desaparecido sin previo aviso de los horarios que habitualmente están a disposición de los ciudadanos, como puede apreciarse, por ejemplo, en el turno vespertino.
Si fuera algo puntual, podría resultar anecdótico, pero la realidad es que los usuarios están hartos del pésimo servicio que está prestándose en los trenes de Cercanías. Trenes sin aire acondicionado en plena ola de calor, la eliminación de convoyes ante la falta de maquinistas, averías e incidencias que generan retrasos,… vienen marcando el día a día de un transporte que mueve a miles de personas cada jornada.

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