Japón-USA 2025
103 min.
Dirección
Hikari
Guion
Hikari
y
Stephen Blahut
Fotografía
Stephen Blahut
y
Takuro Ishizaka
Música
Jon Thor Birgisson (Jónsi)
y
Alex Somers
Intérpretes
Brendan Fraser, Mari Yamamoto, Takehiro Hira, Akira Emoto, Shannon Mahina Gorman, Kimura Bun, Shino Shinozaki
La idea no es nueva, ya la explotó Fernando León de Aranoa en su ópera prima,
Familia
. Aquí ocurre al revés; mientras la película española proponía a un hombre que alquilaba todo un reparto de actores y actrices para que
dieran vida a una familia ficticia
, aquí es un actor quien es contratado por varios clientes para dar vida a un familiar, ser querido o profesional que cubra
una ausencia destacada
que les impida conseguir alguno de sus propósitos en la vida.
Brendan Fraser
tras el subidón que supuso
La ballena
, Oscar incluido, ahora también recuperado en lo físico, incorpora a este actor
algo perdido en la vorágine de Tokio
, urbe naturalmente paradigma de la incomunicación, la soledad y la falta de habilidades sociales para forjarse un colectivo afectivo razonable. La fábula arranca con
una ventana indiscreta
desde la que el protagonista vislumbra una multitud de vidas ajenas, algo por un lado que anuncia ya la impostura del conjunto, mientras por otro lado
contradice su propia tesis argumental
, toda vez que ofrece vidas en pareja y comunidad suficientemente satisfactorias como para prescindir de una supuesta agencia exitosa dedicada a
proporcionar afectos ficticios
. Pero por otro lado, sirve para estructurar la película de forma cíclica, de manera que quien realmente se siente perdido es el protagonista, si bien a renglón seguido descubrimos que tiene una pareja de la que poco después nada volvemos a saber, para al final descubrir que
todo su peregrinaje ha servido para encontrarse a sí mismo
y su propia alma. Por el camino, Fraser intercomunica con compañeros y compañeras de trabajo, y sobre todo con una clientela en la que destacan un viejo actor olvidado y una niña de padre estadounidense desconocido. Poco a poco se irá revelando que todos estos personajes van
forjando en el desolado protagonista una familia ficticia
que deja claro que esa misma incomunicación y tendencia a la soledad se ha adueñado también de la civilización occidental. De la combinación de ambas sociedades sabe bastante su directora,
Hikari
, que firma con éste su segundo largometraje de ficción, tras trabajar en Estados Unidos en series como
Tokyo Vice
, liderada por Michael Mann. Pero el resultado global de esta película
vendida como singular y con el principal reclamo de su actor protagonista
, es pura impostura, tan forzada como los afectos emocionales que pretende ofrecer la agencia que lidera un jefe también carente de esos imprescindibles sentimientos.

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