Pasear en la actualidad por la zona que ocupa el parque de El Muro tiene poco que ver con los paisajes urbanos que se podían contemplar en este lugar en los años en los que por allí se crio el utrerano Alfonso Berlanga Benítez. Él concretamente nació en la calle Albarrán, conocida en otros tiempos como la calle Escalera, y la Utrera que conoció en su infancia no se parece a la que hoy se disfruta en esta zona.
Hay cosas que han mejorado mucho, como es la limpieza y la ordenación urbana del barrio, pero hay otras que se han perdido y que se echan de menos, como por ejemplo el contacto y la solidaridad que había entre los vecinos. «En aquellos años sólo estaba asfaltada la calle San Fernando, el resto de calles eran de tierra y El Muro era una especie de vertedero, donde se acumulaban muchas basuras y desperdicios», explica Alfonso, quien por otra parte recuerda «un ambiente muy bonito en las casas de vecinos, porque el que tenía un poquito de queso lo compartía, y el que tenía un solo gajito de uvas también».
Alfonso estudió sus primeras letras en el cercano colegio Sagrado Corazón, conocido de manera cariñosa como ‘La Academia’, y también iba los fines de semana a los Salesianos a participar en las diferentes actividades que allí se celebraban. Eran tiempos en los que estudiar era un auténtico lujo para los utreranos que formaban parte de familias humildes, por lo que siendo todavía muy niño comenzó a trabajar como aprendiz en un taller de carpintería, donde sus primeras tareas se centraron en barrer serrín.
Muy pronto dejó este puesto para iniciar su carrera como repartidor, una profesión que ha cultivado toda su vida y que inició repartiendo lejía con un triciclo. Poco después entró en la empresa Cruzcampo, donde estuvo nada más y nada menos que trabajando 50 años, siendo el trabajador más veterano en Utrera durante mucho tiempo. Primero trabajó para Vicente Pérez Guijarro, después para el añorado Rafael Vicente García Pérez ‘Rafaelín’ y conoció todas las instalaciones que la conocida firma ha tenido en Utrera, el primitivo almacén en la calle Las Mujeres, el posterior en la zona de la antigua plaza de toros y el actual más moderno y amplio que se ubica en el polígono El Torno.
«Recuerdo que al principio, cuando comencé a trabajar, todavía se operaba con barriles de madera, algo que hoy en día puede parecer impensable. Justo cuando comencé a trabajar se estaba iniciando a introducir el botellín», explica Alfonso, quien se encargaba de ir a Sevilla a por la mercancía y posteriormente dejarla en cada uno de los bares que estaban en la ruta. Establecimientos tan míticos, muchos de ellos ya desaparecidos en la actualidad, como El Pollo, El Onuba, La Paella, El Central, Las Columnas o el Bar Limones.
Eran años en los que poco a poco se estaba produciendo un cambio importante en las tabernas y bares de Utrera. El vino, que había sido el producto estrella, iba dejando espacio a la cerveza, principalmente a la Cruzcampo, y por ello esta firma estaba subiendo como la espuma, nunca mejor dicho. Alfonso se encargaba de conducir el camión que iba cargado de cerveza, Pepsi Cola y de la gaseosa San Ignacio.
Una trayectoria profesional en la que compartió muchos momentos con ‘Rafaelín’, una persona muy querida en Utrera, con un talante muy especial y que se encargaba de cuidar de una manera destacada a todos sus trabajadores. «Rafael era un jefe perfecto», sentencia Alfonso, quien también recuerda «lo bueno que era como futbolista en su juventud».
Es precisamente el fútbol la afición que ha marcado la vida de Alfonso Berlanga, quien tiene en la actualidad el carné número 16 del Club Deportivo Utrera. «Cuando era muy joven repartía Palafrí en el antiguo campo de la calle Molares donde jugaba el Utrera, después me encargué de gestionar el bar que había en el estadio municipal San Juan Bosco», explica Alfonso.
Este utrerano ha tenido la oportunidad de vivir algunos de los años dorados del Club Deportivo Utrera, presenciando la llegada a su ciudad de grandes equipos como el Betis, el Cádiz o el Recreativo de Huelva. «Eran años en los que muy poca gente iba a Sevilla a ver el fútbol y la mayoría de la gente de Utrera apoyaba a su equipo y lo veía cada domingo en el campo», explica Alfonso, quien a día de hoy sigue acudiendo cada quince días a su localidad del estadio municipal San Juan Bosco para disfrutar de su deporte favorito.
Dentro de su afición al deporte rey, este utrerano es uno de los fundadores de la conocida Peña Matute, que tiene casi cuatro décadas de vida y que cuenta con una emblemática caseta en la feria de Utrera, que recuerda cómo «la montábamos en los primeros años con palos de eucaliptos y toldos». Una peña que lleva a en su nombre el recuerdo al que para Alfonso ha sido «el mejor jugador que he visto defender la camiseta del Club Deportivo Utrera, un defensa central espectacular que era todo corazón».
Un amor al mundo del fútbol que este utrerano ha sido también capaz de transmitir a su hijo, Alfonso Berlanga, quien ha sido aficionado desde muy pequeño y ha protagonizado su carrera en los banquillos como entrenador a lo largo de los últimos años, ocupando diferentes cargos en el Club Deportivo Utrera, en la Lebrijana y actualmente en el Morón.

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