Pepita Cansino: «El día de mi boda había tanta gente que pusieron dos municipales en mi puerta»

Anuncio

Un 9 de marzo, a las 9 de la noche, en plena Fuente Vieja, nacía María José Cansino Caballero, más conocida en la localidad como Pepita Cansino. «El año no lo digo porque siempre me echan más años de los que realmente tengo», apunta sin perder su coquetería natural esta utrerana que ha convertido su casa en un auténtico museo al mundo del toro y a su marido, el torero venezolano Enrique Loyo.

Pepita nació en la calle Fuente Vieja, lugar en el que su padre, Manuel Cansino, regentaba un famoso taller de venta y reparación de bicicletas y motos. A las faldas del castillo, en el solar que en la actualidad ocupa la Peña Bética, existía un pequeño jardín, que era el lugar en el que Pepita jugaba y servía de punto de encuentro para los niños de la zona, un enclave en el que pudo tocar también por primera vez la nieve que dejó a Utrera cubierta de un fino manto blanco en 1954. Estudió en el colegio de las religiosas del Santo Ángel, y recuerda como si fuera ayer el día en el que con «solo nueve años puse patas arriba el teatro de Utrera cantando por Lola Flores».

A esta intrépida utrerana se le enciende la mirada cuando recuerda a su difunto marido, al que vio por primera vez entrando en la tienda de su padre para comprar una moto. «Le pregunté a mi padre quién era y me dijo que no le gustaba para mí, que venía de muy lejos, pero al final se terminaron adorando», cuenta Pepita.

La historia acabó en boda y, en 1961, Pepita y Enrique contraían matrimonio en el santuario de Consolación, uno de esos enlaces que terminó siendo muy sonado en la localidad. «El día de nuestra boda tuvieron que poner una pareja de municipales en mi casa y otra en Consolación, debido a la gran cantidad de personas que querían vernos», cuenta la utrerana.

Esta mujer ha demostrado la suficiente visión comercial a lo largo de su vida para propiciar la puesta en marcha de varios negocios en los locales que su familia poseía en la zona de la Fuente Vieja. Ella se encargaba de iniciar la aventura para que la continuara alguno de sus dos hijos.

Algo que se ha mantenido inmutable a lo largo de su vida ha sido una profunda devoción a la imagen del Redentor Cautivo de la hermandad del Silencio. «El Cautivo para mí es sagrado, es el más guapo y el mejor de Utrera», cuenta Pepita. Precisamente la imagen de la hermandad del Jueves Santo utrerano es la protagonista de una curiosa historia que cuenta nuestra protagonista. «Durante casi 20 años, salí detrás dell Cautivo cada Semana Santa, y es una promesa que comencé porque un año mi marido se fue de viaje a ver a su familia a Venezuela y decidí salir para pedirle al Cautivo que mi marido volviera». Y es que Enrique siempre insistía para que Pepita cruzara el charco con él, ya que echaba mucho de menos a su familia, pero ella nunca se animó a hacer el viaje, principalmente porque «le prometí a mi padre que no me movería de Utrera, en cambio mi hija sí ha estado allí en un par de ocasiones».

Esta utrerana de carácter y de conversación incansable es una pieza clave en la remodelación de todo el entorno del castillo que se está acometiendo en la actualidad, ya que era la propietaria de varios de los terrenos sobre los que se asentará en un futuro las nuevas calles que se van a abrir y que ha vendido al Ayuntamiento. Ella no tiene pelos en la lengua a la hora de mostrar su opinión, cuando explica que «si llego a saber que le van a poner paseo del Mostachón no vendo nada, a mí el nombre que me gustaría que le pusieran es Cristo de Santiago, que es el patrón de Utrera y no tiene ninguna calle».

Anuncio

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

EL TIEMPO

23.9°C

Utrera

Viento
5.2 km/h
Lluvia/Humedad
0,0 l/m²
Anuncio

Suscríbete

Las noticias más importantes de Utrera, directamente en tu correo a primera hora.

Anuncio