La hermandad de la Virgen de Consolación confía en culminar a tiempo la restauración que debe afrontar para que pueda procesionar
La hermandad de la Virgen de Consolación continúa trabajando en los preparativos para la participación de la imagen en la procesión magna que se celebrará el 8 de diciembre en Sevilla, como clausura del congreso internacional de hermandades y piedad popular. Este acontecimiento marcará un hito en torno a la patrona de Utrera, que formará parte de un cortejo en el que estarán los principales referentes devocionales de la provincia.
De cara a esa jornada, la corporación utrerana tiene la intención de que ‘la del barquito en la mano’ recorra las calles de la capital en el templete en el que fue coronada canónicamente el 1 de mayo de 1964. Así lo ha confirmado el hermano mayor, Rafael Rojas, en declaraciones a COPE Utrera (98.1 FM), donde ha explicado que para que eso sea posible «es necesaria una intervención sobre él, ya que precisa una restauración que le permita procesionar».
En enero de 2023 se presentaba y bendecía esta pieza, tras pasar por el taller de Orfebrería Villarreal, donde se acometió un proyecto que le devolvió el esplendor con el que fue concebida. Sin embargo, en aquel momento no se preparó para que pudiera salir sobre un paso, sino para que se mantuviera estático. Por eso se necesita ahora esta nueva actuación.
«Estamos en contacto con el orfebre para intentar llegar a tiempo. Nuestra intención es que la Virgen pueda procesionar en este templete y que podamos culminar la intervención que es necesaria», ha explicado. En caso de que no fuera posible, lo haría en el otro templete de que dispone la patrona, donde ha venido procesionando en estas décadas.
La pieza de orfebrería que cobijó a la Virgen de Consolación con motivo de su coronación canónica fue ejecutada por Fernando Marmolejo y, posteriormente, pasó a ocupar su camarín, en el retablo mayor del templo que preside, donde ha permanecido desde entonces. Fue hasta que en 2019 se inició el proyecto de restauración del propio retablo, tras cuya finalización se recuperó la peana original donde se encuentra la imagen, lo que hizo que el templete no volviera a dicho lugar.

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