Así se expresaba el Arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, en la Misa Pontifical celebrada que cerraba el 375º aniversario de la Fundación de la Primitiva Hermandad de Consolación
Con un santuario de Consolación repleto de fieles y devotos, este lunes 13 de octubre, la hermandad de Nuestra Señora de Consolación de Utrera ha clausurado el 375º aniversario de la Fundación de la Primitiva Hermandad de Consolación. Y lo ha hecho con una Misa Pontifical presidida por el Arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, a la que han acudido, entre otros, las autoridades locales, el consejo local de hermandades y cofradías y hermanos mayores de las hermandades de penitencia y gloria de Utrera, y anteriores hermanos de la hermandad de la patrona, que se unieron a la actual hermana mayor, Elisabeth Alé Marín.
El Arzobispo de Sevilla animó a la hermandad a seguir trabajando como hasta ahora: «Al contemplar a la Virgen de Consolación y la historia de la hermandad, damos gracias a Dios por tanto bien recibido y escuchamos al mismo tiempo la llamada para ser portadores del consuelo para los demás. Que la Virgen de Consolación siga siendo faro de fe y esperanza para Utrera, para la archidiócesis de Sevilla y para todos los que peregrinan hasta este santuario. Ella nos enseña a vivir las bienaventuranzas del consuelo, confiar siempre en el Señor y a ser instrumento de misericordia, que nos ayude a mirar el futuro con confianza. Con María, Madre del Consuelo, sigamos caminando en esperanza hacia Cristo, nuestro Salvador».
La eucaristía contó con la intervención de El Coro de Virgen.

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