A pesar de la pandemia que desde hace medio año azota al planeta, o quizás precisamente también debido a eso, la devoción a la Virgen de Consolación se mantiene como uno de los pilares fundamentales de la religiosidad popular de los utreranos. Y con la fe a «la del barquito en la mano» no hay virus que pueda.
Ejemplo de ello es lo que estas horas rodea al ambiente que se vive en su santuario. No hay peregrinaciones masivas para evitar aglomeraciones, tampoco el flujo especial de personas que este día se contempla desde el recinto ferial a su templo, pero Ella sigue marcando el ritmo del día más especial del año para la ciudad.
Cuando llega el 8 de septiembre, el corazón de Utrera late de una forma especial. Las miradas, los sentimientos, las peticiones, las oraciones,… llegan de manera permanente ante una devoción con más de cinco siglos de historia. Consolación, como símbolo indiscutible de la ciudad, se convierte cada año en el emblema de la fe de un pueblo que le rinde pleitesía especialmente cuando la Iglesia celebra la Natividad de María.
El encendido de la lámpara de aceite, en recuerdo de aquel milagro que hizo universal la devoción a la Virgen de Consolación, marcó el inicio oficial del 8 de septiembre, entre repique de campanas y el rezo de la salve. Y durante toda la jornada recibe a centenares de devotos –de Utrera y de otras poblaciones- que necesitan encontrar el consuelo en su rostro.
Con un despliegue especial de seguridad, para evitar la expansión del virus, los fieles caminan por el interior de un templo señalizado para la ocasión. Sin poder acceder en esta ocasión a su camarín, basta un cruce de miradas con Ella para salir reconfortado del santuario, en un año especialmente complicado. Promesas y súplicas transformadas en velas iluminan un espacio habilitado junto a la iglesia, las eucaristías se suceden durante la jornada y las puertas del monumento cuentan hasta 27 las horas que, de manera ininterrumpida, ven pasar a utreranos y visitantes.
Sin el rosario de la aurora recorriendo las calles de Utrera y con los caminos menos poblados de peregrinos, este 8 de septiembre tiene un sabor distinto. Una figura especialmente vinculada a la devoción a la Virgen de Consolación, valedor del recordado año jubilar de 2007, el cardenal Carlos Amigo Vallejo, se convierte también en protagonista en esta edición de los cultos a la principal devoción de la ciudad, al presidir este mediodía la Función Solemne Concelebrada. Es el momento más destacado de un día que, sin lugar a dudas, siempre será recordado en la amplia historia de «la el barquito en la mano».

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