En el año 1971, el sevillano de nacimiento y utrerano de adopción Ricardo González de la Peña fue rey Gaspar montando a caballo por las calles de la ciudad
La historia de la cabalgata de los Reyes Magos está repleta de momentos, pasajes y anécdotas. Son muchas las personas que han dado y siguen dando vida a este importante acontecimiento que desde 1977 organiza la asociación cultural ‘Maestro Milla’. Antes de este colectivo lo hicieron los Antiguos Alumnos de los Salesianos y la asociación de la prensa.
En un viaje por dicha historia, la máquina del tiempo se detiene a primeros de la década de los 70, en un momento en el Ricardo de González de la Peña formó parte de la cabalgata que pisó las calles de la ciudad en el año 1971. Un año en el que, además de Ricardo, también fueron reyes magos Luis Guardiola y Pepe Benavides, y en el que se rumoreó que el artista Bambino iba a ser uno de los reyes, algo que finalmente no sucedió.
«En aquellos años yo estaba recién llegado a Utrera, el año anterior había formado parte del séquito de José Luis Gutiérrez, me gustó la experiencia, me propusieron ser rey al año siguiente y acepté encantado», cuenta el propio Ricardo, quien puntualiza además que «se hacía todo de manera bastante improvisada, no había lo que se puede decir una idea de cabalgata y no eran tiempos fáciles».
Los caramelos que lanzó se los compró a la que era entonces una empresa incipiente y que llevaba por nombre Hermanos Ayala, mientras que la indumentaria la alquiló en un negocio especializado que alquilaba vestuarios para compañías de teatro en Sevilla. «La organización no tenía ni mucho menos la categoría que tiene la cabalgata de la actualidad, pero era una cabalgata mucho mejor que las de todos los pueblos de los alrededores. Como anécdota recuerdo que en la recogida, a la altura del ‘Casino’, se nos acabaron los caramelos y tuvieron que ir unos señores rápidamente a Ayala a comprar más montados en unos Land Rover».
Se trataba de una cabalgata de la que Salvador de Quinta García era el auténtico alma máter e impulsor, ya que se encargaba de tocar todas las teclas adecuadas para que fuera una realidad, buscando el apoyo de numerosos sectores de la sociedad utrerana. De la misma manera, el maestro Milla, otro personaje crucial para la historia de la cabalgata en Utrera, ya se encontraba encargándose del arreglo de las carrozas.
«Fue realmente una época estupenda, lo pasábamos muy bien, sería capaz de subirme de nuevo a la cabalgata. Me alegró mucho que mi hijo Eduardo fuera rey muchos años después y que continuara con esa tradición, de la misma manera que me alegría que saliera mi nieto si llegara el momento», concluye Ricardo.

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