Nombrar a Miguel Mena Villalba es nombrar a uno de los cofrades más destacados, respetados y queridos de Utrera en las últimas décadas. Es en la actualidad el capataz más veterano de cuantos están en activo, ya que lleva más de medio siglo tocando el martillo, siendo capataz de pasos como la Virgen de las Angustias, el Cristo del Amor, el Santo Entierro, la custodia de Santa María o la Virgen de Consolación, simplemente por reseñar algunos de los pasos que ha mandado, porque la lista es realmente interminable.
Su padre, Miguel Mena, fue el encargado de mostrarle el camino y enseñarle el mundo de las cofradías, que desde muy pequeño enamoró al utrerano. «Después de las clases en Los Salesianos, me iba con mi grupo de amigos a jugar a San Bartolomé, aquel era nuestro patio de juegos y aunque mi familia estaba vinculada a la Vera-Cruz y a La Trinidad, al final me terminé decantando por el Jesús», cuenta recordando aquellos tiempos.
Unos años en los que Miguel Mena recuerda como «veía llorar a mi padre, que salía de nazareno, cuando el capataz tocaba el martillo y se levantaba el paso. Me impresionaba mucho ver aquello, y por eso me hice capataz, porque quería convertirme en el hombre que hacía que mi padre -una persona a la que quería y respetaba muchísimo- se conmoviera de esa manera».
Con sólo 16 años sacó su primer paso y poco a poco, las circunstancias profesionales lo alejaron de su Utrera natal. Miguel ingresó en el cuerpo de la Policía Nacional y se trasladó a ocupar su puesto en Madrid, donde estuvo trabajando 25 años. Lo que para muchas personas hubiese supuesto el final de su faceta cofrade, para Miguel no fue ni mucho menos así, ya que se las ingenió para poder seguir siendo capataz y estar al frente de innumerables cuadrillas de costaleros. «Nunca cogía las vacaciones en verano y las cambiaba por la Semana Santa con mis compañeros, por eso un mes antes de que llegara la Semana Santa, ya estaba en Utrera ensayando con los costaleros», cuenta Miguel Mena, quien explica que «todo ello era posible gracias a mi mujer y a mis hijos, que eran los cofrades de verdad, porque yo estuve 25 años sin disfrutar de las vacaciones de verano con ellos».
En su desempeño profesional estuvo muchos años llevando a cabo las labores de escolta del entonces vicepresidente del gobierno, el recordado Manuel Gutiérrez Mellado, una personalidad a la que le llegó a ligar una especial relación, y a la que también le hablaba en algunas ocasiones de su Semana Santa.
Pasaron los años, y Miguel tuvo la oportunidad de retornar a su tierra, ocupando un puesto en Sevilla en la entonces recién creada Policía Autonómica, cuerpo de seguridad en el que estuvo también más de dos décadas. Ya en aquellos tiempos podía tener más cerca esa tradición que lo ha sido todo en su vida. Y es que en los tiempos en los que residía en Madrid, recuerda como «había veces que me ponía cintas de vídeo de procesiones de Semana Santa, le quitaba la voz y yo me ponía a mandar los pasos como si estuviese siendo el capataz, algo que mi hijo siendo muy pequeñito terminó también imitando».
Actualmente Miguel sigue teniendo la misma ilusión que en sus comienzos y sigue mandando pasos en Huelva, Zafra y Sevilla y asegura que tiene una ilusión especial por «sacar algún día la custodia de Santiago». Es una persona muy querida por decenas de utreranos que han sido costaleros en las últimas décadas en Utrera y fue uno de los impulsores de la primera cuadrilla de hermanos costaleros de la hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Utrera.
Una tradición que sin lugar a dudas le viene de cuna, ya que como él mismo recuerda: «En mi casa se ha vivido la mejor Semana Santa de toda Utrera, teníamos un paso que sacaba con mis hermanos y simulábamos las puertas de las iglesias con cajas de cartón. A mí y a mis hermanos nos dormían cantando saetas».

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