Durante un año entero estuvo asistiendo como oyente a las clases de la Facultad de Medicina de Sevilla. Su hermana, Elisa, había decidido emprender esta carrera, que la terminaría convirtiendo en una gran pediatra, pero María José no tenía muy claro después de haber terminado COU hacia dónde quería dirigir sus pasos profesionales. Poco a poco, el mensaje que escuchaba en esas clases terminó calando, se matriculó en la carrera, la finalizó con excelentes calificaciones y en la actualidad es la responsable del área de Oncología Radioterápica del hospital universitario Virgen del Rocío de Sevilla. Además, acaba de ser elegida presidenta de la Sociedad Andaluza de Cancerología, el organismo de estas características más longevo de toda España.
Nació en Utrera, en la zona de El Charco, cursando sus estudios en el colegio Santa Rosa, que se ubicaba en la calle Santa Brígida; y en la Sagrada Familia. Al empezar su período universitario se trasladó a vivir a Sevilla junto a su familia, pero nunca ha roto sus lazos con la localidad, no en vano a su marido lo conoció en Utrera y cada vez que puede vuelve a su pueblo, para visitar a Nuestro Padre Jesús Nazareno, paso del que su abuelo fue capataz; y a la Virgen de Consolación. «Mi abuela, Carmelita Herrera, que murió con 104 años, ha sido siempre un referente para toda nuestra familia, una gran luchadora que sacó adelante a toda su familia», explica la utrerana.
Tras terminar la carrera, su primer destino fue el hospital Puerta del Mar de Cádiz, ciudad a la que iba y venía cada día con su coche desde Sevilla. Aprovechó ese período para doctorarse, hasta que en 1992 consiguió el traslado a la capital hispalense, primero al hospital Duque del Infantado (Pabellón Vasco) y luego en 2003 comenzó a ejercer el puesto que ocupa en la actualidad en el hospital Virgen del Rocío.
El trabajo que desempeña diariamente María José comprende diferentes tareas, que van desde la gestión de los recursos a la coordinación de todo el personal que trabaja en su área, como a las labores propiamente asistenciales. El principal objetivo no es otro que la mejora en la vida diaria de los pacientes y buscar la excelencia en los profesionales. Desde que ocupa este cargo ha puesto también el acento en la investigación, propiciando el surgimiento de un total de seis proyectos diferentes e incluso se han patentando gracias a las tareas realizadas en el propio hospital, algunos nuevos dispositivos.
Por su trabajo, María José conoce de manera diaria numerosos dramas personales, en los que la crudeza de una enfermedad como el cáncer se manifiesta de muy diversas maneras. «La muerte la tenemos siempre muy cercana, por eso aprendemos gracias a este trabajo a valorar las cosas verdaderamente importantes y a darnos cuenta que nuestros problemas del día a día son auténticas tonterías ante los casos que aquí nos encontramos. Es imposible inmunizarse ante esto, nuestros corazones no se acostumbran al sufrimiento», explica la utrerana. En cualquier caso, ella, que es una persona alegre y optimista por naturaleza, señala que ni mucho menos todo es negativo en este campo sanitario en el que desempeña su trabajo: «es un privilegio vivir cerca de muchos pacientes, que todos los días nos dan lecciones de vida. También tengo la satisfacción de haberme encontrado con antiguos pacientes que tuvieron cáncer de niños y en la actualidad se han curado e incluso son padres».
Cuando su intenso trabajo le concede una pausa, María José disfruta practicando deportes como el tenis, el pádel y el senderismo, además de pasar tiempo con sus tres hijas y su marido Rafael. También desempeña una importante labor en la hermandad sevillana del Dulce Nombre, donde es diputada de Caridad y camarera de la Virgen.
En cuanto a la percepción que la sociedad tiene de una enfermedad como el cáncer, la utrerana lo tiene muy claro: «el cáncer es la enfermedad del siglo XXI y es un tema muy importante para el cual necesitamos investigar, no le podemos dar la espalda, la labor que desempeñan muchas asociaciones es fundamental para que se trate esta enfermedad con mayor normalidad».

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