El palaciego Manuel Troncoso, alumno de la escuela taurina ‘Curro Guillén’ de Utrera, alcanzó el tercer puesto en la gran final de ciclo de promoción celebrado en la Maestranza. El jurado, formado por los asesores artísticos de los presidentes de la plaza de toros de Sevilla, proclamó triunfador al novillero de Valencina de la Concepción, Pepe Martínez, que cortó dos orejas. Javier Hurtado, que también paseó un apéndice, segundo clasificado. Quedando en tercer lugar Manuel Troncoso.
El aspirante natural de Los Palacios y Villafranca malogró con la espada los momentos de interés que había tenido con la muleta durante la lidia de sus dos novillos. Una lástima, porque el joven había pasado a la final por méritos propios para satisfacción de la entidad taurina utrerana, que en los pocos años de existencia consiguió clasificar para las novilladas de Canal Sur a uno de sus alumnos, Ignacio García, y en esta otra ocasión meter en la gran final de promoción de valores del toreo a Manuel Troncoso.
Todo un éxito para el interesante proyecto de la asociación cultural taurina ‘Curro Guillén’ que, en tan escaso tiempo, ha empezado a dar sus primeros frutos alcanzando objetivos gracias al esfuerzo y trabajo constante del buen equipo de profesores de la escuela taurina y la actitud y afición de sus alumnos.
Manuel Viera, en su crónica para ‘El albero’ de COPE, define lo hecho por el palaciego en sus dos novillos:
«Y Manuel Troncoso. El palaciego de la escuela taurina de Utrera volvió a mostrar ganas y una evidente inmadurez técnica. El capote no es lo suyo y con la muleta mostró un toreo con atisbo de despaciosidad. Se impuso a la dificultad de las embestidas del segundo eral y logró momentos de interés con la derecha. Tiene buen gusto en su concepto demostrado en un final con detalles muy toreros. Con la espada no estuvo bien.
Más inseguro se le vio en la lidia al quinto. Tal vez molestado por el viento se vio sorprendido por una embestida a la defensiva. El natural resultó punteado, y ya en el epílogo de la lidia volvió al detalle de la trinchera en un final de lidia más templado. Con los aceros se eternizó».

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