Los autores utreranos adaptaron magistralmente para el teatro la famosa obra ‘Marianela’, que incluso llegó a representarse en Utrera
La celebración del 150º anivesario del nacimiento de los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, impulsada por el Ayuntamiento de Utrera, está sirviendo para bucear en profundidad en la vida, obra y legado de los inmortales escritores utreranos. Y es que, además de ser prácticamente creadores de un género y de tener un rotundo éxito en escenarios de medio mundo, los Álvarez Quintero también destacaron por tener unas magníficas relaciones con autores de su tiempo.
Unas relaciones personales que cultivaron con mimo y respeto, siendo además los impulsores de muchos homenajes a escritores que a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX estaban prácticamente olvidados y no ocupaban en el imaginario colectivo español el lugar que se merecían. Los Quintero participaron, por ejemplo, en numerosas acciones para honrar el nombre de Cervantes, aunque quizás pasaron a la historia por ser los principales impulsores de la construcción del monumento que Gustavo Adolfo Bécquer tiene dedicado en el parque de María Luisa de Sevilla.
A los Quintero siempre se les ha calificado como de autores rancios y se les ha acusado de narrar una Andalucía casposa y de ‘señoritos’. Es una opinión muy reduccionista, porque la historia demuestra que pocos autores fueron capaces de conectar de una manera más certera con el público, con el alma popular, haciéndolo vibrar y disfrutar en el teatro en tiempos muy difíciles y donde el ciudadano medio tenía que lidiar con muchas carestías.
Por ello, cuando se profundiza en la historia, a muchos les sorprenderá el vínculo que unía a los Quintero con Benito Pérez Galdós, un autor considerado más moderno que ellos por sus ideas políticas progresistas y cuyo entierro fue una de las manifestaciones de duelo más impresionantes que se han vivido en España -prueba de lo querido que también llegó a ser él-.
Los hermanos Álvarez Quintero y Benito Pérez Galdós habían mantenido siempre una estrecha relación, tal y como demuestra la intensa correspondencia que se conserva, pero sus caminos llegaron a unirse de una manera irremediable en el año 1916, cuando concretamente en el Teatro de la Princesa de Madrid tuvo lugar un estreno histórico. Y es que los autores utreranos adaptaron para el teatro la obra de Galdós ‘Marianela’, eligiendo para el papel protagonista nada más y nada menos que a Margarita Xirgú, la mayor estrella que pisaba las tablas de los escenarios teatrales por aquellos entonces. Los Quintero se encargaron de adaptar esta obra por expreso deseo de Pérez Galdós, que especificó que fueran ellos y ningún otro autor los encargados de llevar al teatro dicha historia.
La noche del histórico estreno fue el 18 de octubre de 1916, y las crónicas cuentan cómo el éxito fue más que rotundo. Al parecer, Benito Pérez Galdós, que por aquellos tiempos ya estaba bastante deteriorado de salud, se emocionó de tal manera que llegó a temblar y no pudo ni siquiera dirigirse al público. Aunque en un primer momento él se negó a recibirlos, los hermanos Álvarez Quintero cedieron al gran autor nacido en Las Palmas de Gran Canaria todos los beneficios económicos que generó esta obra, para que así Galdós pudiera disponer de ese dinero en su vejez.
Un año después, en 1917, llegaba un instante muy especial en la gira que siguió a este estreno en Madrid ya que, tal y como cuenta Salvador de Quinta Rodríguez en su libro ‘Serafín y Joaquín Álvarez Quintero. Dos andaluces universales’, la obra se representó en el teatro de Utrera. Para este momento tan señalado, llegaron a Utrera los Quintero, Benito Pérez Galdós y la propia Margarita Xirgú. Como dato curioso, aquel día el cielo se cubrió de nubes y descargó tal chaparrón que la comitiva no se decidía a salir del tren, que estaba detenido en la estación de Utrera. Muchos años después, en una entrevista concedida en Argentina, la actriz declaró que «cuando se estaba planteando la posibilidad de seguir adelante y dirigirnos a otro pueblo, ya que la lluvia no remitía, sin que se supiera de dónde la habían sacado, apareció de pronto en el andén una silla de manos cubierta con una capota o dosel. Y en aquella especie de solio sentaron a don Benito, al abrigo de la lluvia, llevándole en andas hasta el hotel, como una imagen sagrada, en una manifestación impresionante».
Todo ello fue el preludio de la puesta en escena en Utrera de ‘Marianela’, una obra que desataba pasiones allí donde recalaba. La representación en la patria chica de los Quintero fue tan intensa, que en esta ocasión parece que Galdós sí subió al escenario para dedicar unas palabras al auditorio.
Y es que aunque pudieran parecer personalidades antagónicas, la unión entre Los Quintero y Galdós fue particularmente intensa. Sólo hay que detenerse a leer las líneas que este genio de la literatura española dedicó a los ‘niños de Utrera’: «La razón de mi entrañable agradecimiento a los hermanos Quintero es que hicieron la adaptación de ‘Marianela’ con un arte incomparable, poniendo en ella toda su pericia escénica, y mejorando la obra con su habitual maestría. A los dramaturgos sevillanos debo yo la inefable alegría de ver en mi triste ancianidad la figura de Marianela encarnada en la sublime personalidad artística de Margarita Xirgú».

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