Las redes sociales se han llenado estos días con numerosas quejas de propietarios de mascotas, que se ven especialmente afectados con el lanzamiento de petardos. Los perros son muy sensibles a esta práctica, pudiendo sufrir incluso en algunos casos ataques al corazón y episodios de pánico.
El problema se ha radicalizado en los últimos años ya que, en las calles de Utrera, durante la época navideña se tiran petardos que son auténticas bombas en miniatura, que terminan provocando problemas en la población ya que sus explosiones suponen importantes descargas de decibelios. Y todo ello sin contar aquellos vándalos que introducen petardos en buzones, papeleras o que los hacen explosionar debajo de vehículos que circulan por las calles, una práctica que roza ya directamente la delincuencia.
Para entender en su justa medida las consecuencias nefastas de esta práctica, nada mejor que conocer la historia que una utrerana, Patricia Lomas, contaba en Facebook hace escasos días. Esta joven publicaba un sentido escrito, donde contaba a todos los lectores el caso de su perra «Nina», que lamentablemente fallecía en los primeros días del mes de enero. Ocurría después de haber sido atropellada por un coche ya que, asustada por el tremendo ruido de las explosiones de los petardos, había salido huyendo de su hogar, desorientada y atemorizada.
Esta utrerana añadía a su publicación dos fotos donde se podía ver a su mascota en la cuneta después de haber sido arrollada, y explicaba que «ésta es mi perra muerta. Amantes de los petardos, aquellos que festejaron el Año Nuevo de esa forma… ¿Valió la pena una carcajada más que tanto daño hace? ¿Tan bien lo pasabais que no importaba el sufrimiento y las taquicardias de cientos de animales a vuestro alrededor? Éste es nuestro regalo de Reyes. Apareció nuestra perra muerta en una cuneta atropellada, pues salió corriendo despavorida, desorientada, presa del pánico por vuestros petardos».
Con su publicación, ha querido que la historia que ha tenido que vivir en estas navidades se difunda en la localidad, con el objetivo de que llegue al máximo número de personas posible y que, de una vez por todas, el asunto de los petardos se regule de alguna forma.

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