«No estamos en contra de ninguna corporación política, estamos protestando por la sociedad en general y por la falta de conocimiento e incluso civismo»
«Cierra los ojos y piensa durante 5 minutos cómo sería tu vida teniendo que depender de una silla de ruedas. O piensa en que tu amigo tiene que ir con un bastón porque ha perdido la visión. ¿Qué te encontrarías diariamente? ¿Podrías desarrollar un día cotidiano con normalidad?»
Es muy probable que la mayoría de personas respondan de manera negativa a esta cuestión que atañe a una realidad que experimentan constantemente las personas con algún tipo de discapacidad. ¿Estamos realmente concienciados de las dificultades que sufren estas personas diariamente?
Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2020 había 4,38 millones de personas con cualquier grado y tipo de discapacidad, de las cuales, 2.646 son utreranas. Del dato genérico nacional, un 36,2% tiene dificultades para desenvolverse en edificios públicos o situados en el entorno urbano, algo que no es ninguna excepción en la ciudad de Utrera.
Con motivo de estas realidades, desde los gobiernos que ha tenido el país se han ido estableciendo y aprobando leyes y decretos con la intención de disminuir ese gran porcentaje de limitaciones en determinadas instalaciones.
Desde Apdis, recuerdan que, «nadie está libre de que se le diagnostique algún tipo de discapacidad. Esto es un problema social que se refleja también en las administraciones»
¿Se cumplen estas ordenanzas?
Desde la Asociación Apdis -colectivo de personas con discapacidad que lucha por los derechos e intereses de este colectivo desde 2005- Pepe Vargas y Reme García afirman que, aunque «si es verdad que estamos avanzando muy poco a poco», todavía «hay mucho que hacer». «Hay muchas leyes que facilitan los accesos a determinados espacios, pero si no se ejecutan no sirven para nada y ahí es donde radica el problema».
«En calles que antes eran muy estrechas, se están quitando los acerados, como por ejemplo en la calle Doña Catalina de Perea (popularmente conocida como Santa Clara), Menéndez Pelayo o San Fernando cuando termine las obras». Estas intervenciones se realizan con el objetivo de establecer una plataforma única, en la que acerado y calzada se mantengan a un mismo nivel, permitiendo así que el tránsito de personas con silla de ruedas, entre otras, pueda ser posible y cómodo sin problemas.
Sin embargo, hay edificios esenciales en Utrera que no permiten fácilmente el acceso a las personas con discapacidad. El primero de ellos es el propio Ayuntamiento. Hay oficinas o dependencias, sobre todo de concejales, que no son accesibles puesto que usan el salón chino o el alemán. El primero consta de dos escalones muy altos y al segundo se puede acceder desde este o desde detrás. «En su día tenían una rampa, pero ya no está», a lo que se añade que estas personas tampoco pueden visitarlos dentro de actividades turísticas.

Edificio de la Policía Local en Utrera. En el cuadrado rojo se señala la entrada para las personas con movilidad reducida.
Un segundo ejemplo es el edificio de la Policía Local. Una construcción nueva –se inauguró en 2021- por donde no pueden entrar desde la puerta principal, ya que esta tiene un escalón muy difícil de salvar para una persona que vaya en silla de ruedas. «La entrada para personas con movilidad reducida es una cancela opaca que está siempre cerrada. Hay que llamar al timbre para que abran».
Apdis reclamó esta problemática al Ayuntamiento para que pusieran un sistema alternativo. «No respondía, por lo que acudimos al defensor del pueblo, al que tampoco atendieron. Desde este último nos comunicaron que la reclamación iba a ser archivada por no obtener ninguna respuesta de las competencias locales». El edificio sigue sin tener una entrada habilitada para las personas con movilidad reducida.
No es la primera vez que la asociación pone alguna reclamación a las administraciones. Pepe denunció la existencia de dos postes de luz en la acera de María Auxiliadora, a la altura del supermercado El Jamón, que impedía el paso de personas en silla de ruedas. Uno de ellos «no sostenía ningún cable». «Hablé con el Ayuntamiento y desde allí consiguieron contactar con Sevillana (responsable del suministro de luz) y quitaron uno de ellos». Una denuncia que tardó 4 años en ejecutarse. «Las quejas no sirven para nada».
Retomando con los edificios no aptos para este tipo de personas, otra muestra es la Casa de la Cultura. «Antes solo se abría una puerta pequeña que obligaba a saltar un escalón, teniendo la posibilidad de abrir un portón enorme. Una vez dentro, hay otros dos escalones más y sí que es cierto que en la sala de exposiciones hay una rampa, pero no cumple ni de lejos las condiciones puesto que está demasiado inclinada». Por otra parte, «el salón de actos está muy bien, pero si eres orador no puedes subir al estrado porque solo tiene escalones».
Un caso similar es el de la Casa Surga, que aparte de lo último, «tiene el suelo levantado, lo que podría provocar accidentes».
Más ejemplos
Por otra parte, el Área de Juventud, situada en la calle Cristóbal Colón tampoco ofrece facilidades de acceso a personas discapacitadas. «Hay que entrar por detrás, pero la puerta está cerrada. Para acceder tienes que entrar por la puerta principal, subir el escalón y decir que te abran», a lo que se suma que «el aseo minusválido se está usando como almacén, por lo que si alguien va en silla de ruedas no puede ir al baño».
El área de la mujer, situada en el mismo inmueble, no tiene ascensor. «Hay plantas a las que no se pueden acceder, por lo que si requieres atención de algo que corresponda a las mismas, tienen que atenderte abajo».
El Castillo es otra zona que tampoco les facilita la vida los que tengan movilidad reducida. «La rampa que baja al foso no cumple porque está muy empinada, y el suelo tampoco por culpa del albero, que resbala». «Supuestamente hay un proyecto entre manos, pero no llega a salir nunca».
Un sexto edificio es el Juzgado. «Entramos por la puerta de los delincuentes». Además, como cuenta Reme, «esta alternativa no es factible porque esa entrada está llena de obstáculos, como si fuera una especie de almacén». «Queremos entrar por un sitio accesible y digno».
«No estamos en contra de la Corporación, estamos protestando por la sociedad general y por la falta de conocimiento e incluso civismo». Desde Apdis, recuerdan que «nadie está libre de que se le diagnostique algún tipo de discapacidad. Esto es un problema social que se refleja también en las administraciones».
En los transportes también puede verse la falta de inclusión, como en los autobuses interurbanos, que no están adaptados, a diferencia de los urbanos, que poseen entradas adaptadas.
Un caso particular son los trenes que, aunque en la mayoría de los casos sí incluyen acceso a los vagones para silla de ruedas, la estación de Utrera ha protagonizado en alguna que otra ocasión los reclamos de estos colectivos por la falta de montacargas adecuados para subir a las vías. Tanto es así que hace menos de dos años intervino la figura del Defensor del Pueblo para instar a Renfe del problema que sufren estas instalaciones, una intervención que al parecer ya está prevista. Por no hablar de los taxis que, en una ciudad con 995 discapacitados físicos, «solo 1 está adaptado».
En el ocio también se ven afectadas estas personas. «Lo que no es justo es que de 20 bares solo podamos ir a 5. El poder elegir también es un derecho». Hay algunos establecimientos que «por no perder dos mesas de la terraza no adecuan el entorno a personas discapacitadas». También se incluye la problemática de los baños. «hay gente que por no esperar se mete en los minusválidos y siempre están sucios. No tienen en cuenta que una persona con silla de ruedas necesita sentarse en ese váter».
Falta de civismo
Cosas cotidianas como aparcar en estacionamientos para minusválidos, montar los vehículos en la acera, colocar los veladores de las terrazas en determinados espacios o que Instituciones y eventos públicos no dispongan de intérpretes de lenguaje de signos, son ejemplos claros de falta de civismo, formación y conocimiento sobre esta temática.
Lo último mencionado es algo de lo que no mucha gente es consciente. «La gente no es consciente de los tipos de discapacidad que hay. Solo la que ven a simple vista».
Esta falta de conocimiento dificulta la independencia personal e individual de estos colectivos, debido a que la falta de concienciación nos impide efectuar acciones que les faciliten su vida libre.
«La mayoría de la gente es empática y si no lo hacen, después de explicárselo entienden ciertos puntos que después ejecutan. Sin embargo, hay otra que se cree con la potestad de ocupar espacios para personas discapacitadas o de realizar acciones que dificultan el tránsito».
Utrera es una ciudad que contiene numerosas barreras arquitectónicas para personas que tienen movilidad reducida. Desde sus calles, hasta los accesos a edificios públicos y privados, dificultan diariamente a estos colectivos que se ven obligados a veces a pedir ayuda o a tener que ser acompañados por alguien que les facilite su rutina.
A todo lo anterior se le añade la falta de civismo que caracteriza a numerosas personas y que, sumada al poco conocimiento sobre las discapacidades y las necesidades de las mismas, se traduce en una constante ausencia de ayuda ciudadana a aquellos que verdaderamente la necesitan.




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