A lo largo de estos trabajos también se han hallado una serie de enterramientos secundarios de los siglos XVI y XVIII
A lo largo del mes de agosto se han llevado a cabo una serie de nuevas investigaciones en los restos arqueológicos de la sinagoga de Utrera, ubicada en el Niño Perdido. La novedad principal de estos trabajos ha estado centrada en la utilización de un georradar que ha ayudado en las prospecciones en busca de la denominada como ‘Mikvé’, el baño ritual judío que formaba parte esencial de las sinagogas medievales. Los resultados no han sido aún concluyentes, pero sí bastante esperanzadores.
Según han indicado desde el propio Ayuntamiento, en la prospección realizada con el georradar el pasado 25 de agosto, que ha abarcado el inmueble al completo, la iglesia, el claustro y el patio trasero «el resultado ha sido un mapa de anomalías, entre las que destaca una localizada a los pies de la nave del Evangelio, que presenta características compatibles con la posible ubicación de la mikvé».
Como suele ocurrir en este tipo de trabajos en inmuebles que tienen siglos de historia, el equipo arqueológico ha documentado previamente una fosa común con restos óseos humanos del siglo XVI y XVII, correspondientes a enterramientos secundarios datados entre los siglos XVII y XVIII. Según las primeras investigaciones «estos restos habrían sido trasladados en el momento en que se amplió la primitiva iglesia del Hospital de la Misericordia con la adición de las naves laterales a la nave central, coincidente esta última, con la sala de oración de la sinagoga».
La concejala de Cultura del Ayuntamiento de Utrera, María José García Arroyo, ha subrayado que «cada fase de la investigación nos acerca más a comprender la magnitud histórica de este espacio, que testimonia la huella de la comunidad judía en Utrera».
Para entender la importancia que tendría el hallazgo de la mikvé, hay que tener en cuenta que es un elemento esencial en cualquier sinagoga, ya que constituye el espacio dedicado a los rituales de purificación, fundamentales en la práctica del judaísmo. Según la ley judía (Halajá), debe contener agua natural, proveniente de lluvia, manantial o pozo, y mantenerse en constante renovación. Aunque no todas las sinagogas disponen de una, su presencia subraya la importancia del edificio religioso.
En una fase previa de investigaciones en la sinagoga, se amplió el sondeo de la nave central donde apareció la sala de oración, lo que permitió documentar la cimentación de la ‘Bimá’, la plataforma elevada desde la que se leía la Torá y se desarrollaban las principales partes del servicio religioso. Este hallazgo supuso un paso clave en la identificación de los elementos característicos de la sinagoga utrerana.

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