Atrás quedan los tiempos en los que era muy habitual encontrar a los ciudadanos hablando por teléfono gracias a las cabinas implantadas a lo largo y ancho de Utrera. No era extraño incluso tener que guardar cola y esperar a que quedara libre para echar la moneda correspondiente y comenzar la conversación.
Esa estampa, de la que no han pasado tantos años como pudiera pensarse, forma parte ya solamente de la memoria colectiva. La implantación masiva de la telefonía móvil ha hecho que las cabinas queden prácticamente como elementos decorativos en la localidad, convirtiéndose en lugares donde pegar carteles, en focos de suciedad y en lugar vandalizados.
La nueva Ley Estatal de Telecomunicaciones va a traer consigo un cambio importante en el paisaje urbano de las ciudades, al permitir el desmontaje de dichos teléfonos públicos al dejar de considerarse un servicio universal obligatorio. Así, las cabinas que aún pueden verse en lugares como la plaza de la Constitución, el paseo de los Enamorados y El Punto, por ejemplo, están más cerca de ‘jubilarse’.
El uso de dichos dispositivos se ha desplomado en toda España, donde al cierre de 2020 había 14.824 cabinas de teléfono. En el conjunto de ellas registraron una media 0,17 llamadas al día, es decir, una llamada semanal de promedio. Para hacerse una idea del declive, las 0,17 llamadas al día suponen reducir a más de la mitad la media registrada hace poco más de dos años, y que ya era baja: 0,37 llamadas al día, es decir, un uso cada tres días, según datos de Telefónica.
Para confirmar la rápida manera en la que ha desaparecido el hábito de hacer una llamada a la antigua usanza, solo hace falta echarle un vistazo a los datos que maneja la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. Según ese organismo, más del 88% de la población reconoce no haber usado nunca una cabina.

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