Con sólo 13 años, el utrerano Antonio Miñán Postigo recorrió el corto espacio que separa el colegio de los Salesianos de la calle Las Mujeres para comenzar a trabajar en la farmacia ubicada en esta vía utrerana. Apenas unas decenas de metros separan estas dos ubicaciones que han marcado la vida de este utrerano, que comenzó a trabajar en la farmacia montado en una bicicleta, repartiendo los pedidos de medicamentos en diferentes rincones de la ciudad.
Un recorrido que comenzaba hace 51 años, lo que convierte en la actualidad a Antonio en el trabajador más veterano de Utrera en el gremio de las farmacias. En la bicicleta repartiendo o detrás del mostrador, este simpático y querido utrerano ha vivido todo tipo de historias y anécdotas, en un establecimiento que ha ido cambiando y adaptándose a las exigencias de los tiempos, tal y como lo ha hecho también la sociedad.
«Hoy en día, como se hace todo a través del ordenador, es más fácil gestionar las recetas que traen los clientes, pero yo recuerdo tiempos en los que era prácticamente imposible leer lo que escribían los médicos, porque algunos las escribían mal queriendo para que no las pudiéramos leer», cuenta Antonio, quien confiesa también que el roce y el hecho de llevar tanto tiempo trabajando en la misma farmacia ha terminado provocando que «muchos de los clientes que vienen sean ya amigos y en algunos casos casi de la familia».
Este mes de mayo llega el momento en el que Antonio cuelga la bata blanca que siempre lleva puesta en la farmacia y alcanza una más que merecida jubilación, instante en el que puede hacer balance de más de cinco décadas en las que ha cumplido con innumerables guardias y ha dispensado medicamentos a miles de utreranos, para los que siempre ha tenido una palabra amiga y un consejo adecuado.
Este utrerano comenzó trabajando en un mundo en el que muchos ciudadanos no tenían acceso a la sanidad y al asesoramiento de los médicos, por lo que los farmacéuticos y los auxiliares se convertían en elementos indispensables a la hora de solventar dudas y solucionar los pequeños problemas de salud del día a día de la ciudadanía. «La verdad es que con el paso de los años las guardias han cambiado mucho», explica Antonio, quien a la hora de determinar cuál es el medicamento que más ha dispensado a lo largo de todos estos años, responde sin dudarlo que «el paracetamol es el rey de los medicamentos».
Antonio es un hombre muy familiar, casado desde hace más de cuarenta años con su esposa Rosario, con la que tiene tres hijas que le han dado ya cuatro nietos que confiesa que «me vuelven loco». Cada día disfruta del deporte jugando al tenis y a lo largo de su vida ha compaginado su trabajo con el amor al mundo del fútbol, una afición que comenzó en el colegio de los Salesianos y que le llevó a jugar en el Club Deportivo Utrera con 17 años.
Antonio era un centrocampista con clase y formó parte de la plantilla del club utrerano durante cinco temporadas, jugando en Preferente y Segunda Regional. Posteriormente siguió muy ligado al mundo del fútbol, siendo uno de los fundadores del Utrera Balompié, donde formó parte de una plantilla que consiguió el hito histórico de no perder ni un solo partido en toda la temporada. Con el objetivo de seguir cerca de todos los grandes amigos que hizo en su época de futbolista, junto con otros compañeros fue uno de los impulsores de la creación del club de los veteranos del Club Deportivo Utrera.
Llega el momento de que Antonio abandone el puesto de trabajo que con tanta profesionalidad y entrega ha desempeñado a lo largo de tantos años, en los que además ha sido capaz de conquistar el corazón de muchos utreranos. También llega el momento de que este utrerano pueda disfrutar de una manera más tranquila de su tiempo libre, del deporte con el que tan buenos ratos pasa y sobre todo, como él dice, «de mi familia, que es sin lugar a dudas mi hobby favorito».

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