La historia de las patatas fritas más famosas de Utrera

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«En el quiosco hemos reído, llorado y vivido mucho. Es donde se han criado nuestros hijos»

Utrera posee un negocio que ha superado las dificultades del tiempo consolidándose como uno de los imprescindibles para esta localidad. Hablamos de las papas fritas de la familia Pérez Díaz, los dueños de este producto fundamental para la vida de los utreranos. Una dinastía creada por Joaquín y Rosario que han continuado por muchos años con el negocio familiar, sobreviviendo hasta que su hija Chari se ha convertido en la única papera de Utrera.

El patriarca de la familia, Joaquín, junto a María, su hija mayor, con unos pequeños clientes alemanes

Nacidos en una de las épocas más complicadas de la historia de España, uno un año antes del estallido de la Guerra Civil, y otra durante la posguerra; han estado obligados durante toda su vida a trabajar de sol a sol para poder salir adelante. Unos valores que trasladaron a sus cuatro hijos: María, Joaquín, Chari y Conso, trabajadores natos desde su niñez.

Tanto es así, que Joaquín tuvo que emigrar a Suiza, como numerosos españoles de ese tiempo en busca de nuevas oportunidades, dejando aquí a toda su familia. Cuando volvió a su Utrera natal, comenzó a buscar nuevas formas de ganar el pan. Aprendió a hacer churros gracias a una prima suya que los hacía y a raíz de ahí se aventuró en el gremio.


«Hay gente de fuera de Utrera que viene por las papas. De Sevilla, Alcalá, Dos Hermanas e incluso Valladolid»

Primero trabajaba en verbenas, consiguiendo con el tiempo el emblemático quiosco situado en La Vereda. El matrimonio se dejó la piel, uniéndose a ellos su hija mayor, que dejó el colegio para ayudar a sus padres y cuidar de sus hermanas más pequeñas. A ella se unió el varón de los hijos más tarde, igual que harían con el tiempo sus otras dos hermanas menores.

«Éramos niños. Después de trabajar nos íbamos a jugar y, aun así, aunque hayamos trabajado mucho, hemos sido felices porque siempre estábamos juntos», comenta Chari, la tercera hermana. 

La mente inquieta de Joaquín padre no dejaba de buscar nuevas formas de hacer crecer el comercio, de manera que, por probar incorporó a los churros las papas fritas. A partir de los consejos que fue recogiendo de gente de confianza, consiguió consolidarse en su venta hasta el punto de que su familia comenzó a conocerse como los ‘Paperos’.

El negocio prosperó tanto que abrieron un segundo quiosco, esta vez debajo de su casa. «Era el refuerzo del de La Vereda porque teníamos mucho trabajo allí», explica Chari. Sin embargo, el incendio de un aspirador significó el cierre de este para siempre.

De padres a hijos

El matrimonio comenzó a delegar más en sus hijos con el paso de los años. «Mis padres hacían los churros de madrugada y por las mañanas mientras que nosotros nos encargábamos de las papas por la tarde».

Las hermanas María y Conso abrieron una freiduría al lado de Chari. «Siempre estábamos juntas»

Así, cuando Joaquín hijo se casó, se hizo cargo de La Vereda, junto a su hermana Chari de forma provisional porque también se casaría un año después. Trabajó con él hasta que finalizaron las obras de lo que sería su propio negocio en Avenida Juan XXIII, el tercero levantado por la familia y el único que continúa en la actualidad.


«Me costó mucho empezar de cero, sobre todo teniendo a mi lado a mi hermano que era un crack haciendo papas fritas»

Una dura historia familiar

La vida personal de la familia ha estado marcada por tragedias que han significado un antes y un después para ellos y para Utrera. En 2012 la pérdida de María, la hermana mayor, fue un punto de inflexión en la existencia de cada uno de ellos.

«Nadie sabe el trabajo que nos costó volver al quiosco todos los días. Cuando mi hermana faltó todo fue diferente y se nos hacía casi imposible seguir adelante».

En 2019 falleció Rosario, seguida de su hijo Joaquín en 2020 y de su marido, también Joaquín, en 2021. Así Chari y Conso lucharon juntas contra el dolor al que tuvieron que enfrentarse, descubriendo el cariño incondicional que Utrera tenía y tiene a su familia. «Mi hermano estuvo 109 días ingresado en el hospital y tanto mi hermana como yo intentábamos no salir para que no nos parara la gente. Todavía hay personas que me dan el pésame». 

(De izquierda a derecha) Conso, Chari y el más pequeño de la saga, Marcelo

Con todo, el quiosco es un lugar especial para estas hermanas. «Hemos vivido muchísimo aquí. Hemos reído y llorado. Es donde se han criado mis hijos, Gabriel y Antonio; los de mi hermana María, Curro y Joaquín que, aunque también se movieran por el bar de su padre, pasaron mucho tiempo aquí; al igual que los de mi hermana Conso, Triana y Marcelo».

Chari tiene claro cuáles son sus planes de futuro: «me gustaría que mi hijo Antonio siguiera adelante con el negocio. Si no quiere, pues intentaría dejárselo a alguien capaz de continuar con él». 

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