La reforma que se está ejecutando en el paseo de Consolación de Utrera ha experimentado un frenazo en seco a causa del giro que han dado los acontecimientos en las últimas horas. Concepción Espinar Prieto, la condesa viuda de Rivera, heredera de un gran patrimonio en la localidad, ha reclamado la propiedad de los terrenos sobre los que se asienta el paseo de Consolación. La noticia ha caído como un auténtico jarro de agua fría en el seno del equipo de gobierno municipal, que se ha visto obligado a paralizar fulminantemente las obras después de recibir una notificación del Juzgado número 3 de Utrera.
Después de que el paseo de Consolación haya estado en el centro de la actualidad en los últimos meses, la reclamación de la condesa llega justo en el momento en el que las obras habían comenzado hace solo unas semanas, después de una agria polémica por el corte de los olmos que daban sombra a este lugar emblemático de Utrera. Y son precisamente los olmos los que han terminado originando la reclamación de la condesa viuda de Rivera, que ha esgrimido un documento firmado ante notario en el que se especifica claramente que «su familia cedía a la ciudad de Utrera el terreno sobre el que se asienta el paseo de Consolación, siempre y cuando no se alterara ninguno de sus elementos clásicos, como por ejemplo su arboleda».
De esta manera, el corte de los olmos ha sido el que ha terminado desempolvando un tema que muy pocos conocían y que está provocando un auténtico terremoto político en el Ayuntamiento de Utrera, que ve impotente cómo la eliminación de los olmos le puede salir muy cara a la localidad. Inevitablemente por la casa grande vuelven a circular los fantasmas que parecían ya enterrados, después del complicado episodio protagonizado con el marquesado de Santaella, que ha estado varios años reclamando una serie de terrenos ubicados en la barriada de San Joaquín y que ha ganado finalmente la batalla consiguiendo la cesión de varias parcelas en la trasera de los Salesianos y una compensación de 50.000 euros.
Este tipo de cesiones por parte de familias nobles y poderosas eran muy comunes en otros tiempos. Solo hay que citar el ejemplo de la plaza de Gibaxa, que en su día fue propiedad de la familia de los Cuadra, y que pasó a manos del pueblo de Utrera solo con una condición: que nunca se cambiara de nombre la plaza y que no se eliminara el azulejo que lo indica y que todavía se puede ver en esta ubicación. Una condición que hasta ahora se ha respetado, por lo que la plaza sigue siendo pública, algo que no ha ocurrido con el paseo de Consolación, que ha perdido sus olmos y por lo tanto pasa automáticamente a manos privadas.
«Hemos conocido por los medios de comunicación que el Ayuntamiento había decidido cortar los olmos sin justificar de manera seria esta decisión, por lo que rápidamente hemos acudido a la ley, que nos ampara en este caso y tenemos la intención de llegar hasta el final. Además, hemos visto un vídeo de Podemos en el que se puede comprobar claramente que algunos olmos estaban en buen estado, por lo que creemos que el alcalde se ha pasado de listo con esta decisión», ha explicado Goyo Martínez, el abogado que representa los intereses de la condesa viuda de Rivera.
La reacción por parte del Ayuntamiento de Utrera no se ha hecho esperar. Y es que la reforma del paseo de Consolación es sin lugar a dudas uno de los proyectos estrella del gobierno socialista. El portavoz del gobierno, Francisco Campanario, visiblemente enfadado, ha explicado que «estos nobles de pacotilla venidos a menos se creen que estamos todavía en la época del feudalismo. Que no se preocupen los utreranos: el paseo de Consolación seguirá siendo patrimonio del pueblo, y todos podremos seguir yendo a ver a la Virgen, como hago yo todos los días».
La polémica está servida y las incógnitas se ciernen sobre la reforma del paseo de Consolación, un proyecto que parece gafado desde el comienzo, ya que el pueblo solo había reivindicado un arreglo de las losas que estaban en mal estado y cada vez cuenta con más detractores, a lo que se suma ahora la posible pérdida de la propiedad de un espacio emblemático en la localidad.
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