Taiwán-Francia-USA-Reino Unido 2025
149 min.
Dirección
Shih-Ching Tsou
Guion
Sean Baker
y
Shih-Ching Tsou
Fotografía
Ko-Chin Chen
y
Tzu-Hao Kao
Música
Matthew Hearon-Smith
Intérpretes
Janel Tsai, Shi-Yuan Ma, Nina Ye, Teng-Hui (Brando) Huang, Akio Chen, Xin-Yan Chao, Teng-Hung Hsia
Estrenada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, supone el
debut en la dirección en solitario de la taiwanesa Shih-Ching Tsou
, asociada desde el cominezo de su carrera a director estadounidense
Sean Baker
, con quien co-dirigió en 2004
Take Out
, produciendo e interpretando algunos de sus films posteriores, como
The Florida Project
y
Red Rocket
. Ahora es el director de
Anora
quien da un
empujoncito definitivo
a la carrera de la directora novel, produciendo, co-escribiendo y montando esta
luminosa y colorista película
rodada en su integridad con tecnología iPhone. Es precisamente en el
montaje donde a nuestro juicio cojea esta película
, ofreciendo secuencias muy dinámicas y breves que poco ayudan a cogerle el punto a una historia en la que
conviven tradición y modernidad
. Ambientada en la bulliciosa ciudad de Taipei, en su mayoría en sus nocturnas calles y mercados profusamente iluminados con una publicidad radiante,
la niña del título, Nina Mei, es directamente una criatura adorable
, para comérsela. Las creencias de una sociedad antaño supersticiosa, lo que provoca cierto comportamiento en la protagonista por su condición de zurda, así como los
secretos familiares
consecuencias de una moral férrea anclada en el pasado, además de puntuales conductas delictivas, se dan cita en una
apuesta por el entendimiento y la solidaridad
al menos entre mujeres. Paradójicamente,
es un personaje masculino el que abarca mayor positivismo
, el de Johnny (Brando Huang), vecino de negocio de las tres mujeres protagonistas, la niña, su madre y hermana. Todo
aparenta cierta amabilidad
, sobre todo desde el punto de vista de una niña que nos recuerda en cierto modo a la protagonista de
The Florida Project
. Pero el conjunto
descuida su narrativa
y echa mano en su tramo final de
una histeria casi colectiva
que lastra sus posibilidades y emborrona sus objetivos.

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