La apasionante historia de la Semana Santa de Utrera

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El historiador Eduardo González de la Peña repasa algunos de los momentos más importantes de la celebración religiosa

Enfrascados en el fragor del día a día, no somos capaces de percatarnos en muchas ocasiones de que estamos viviendo un momento histórico que muy pocas veces se ha repetido a lo largo de los últimos siglos. Al igual que ocurrió en 2020, Utrera está viviendo una Semana Santa extraña, distinta, sin procesiones en las calles, algo que no ocurrió ni en los instantes más duros de la Guerra Civil española, momentos en los que, aunque fuera de una manera mínima, sí salieron algunos pasos a las calles de Utrera.

Ni siquiera la mal llamada «gripe española», que azotó al mundo entero en los años 1918 y 1919, afectó de manera grave a las procesiones en Utrera, ya que esta pandemia no se cebó de manera especial con la ciudad. Y es que, como cuenta el historiador local Eduardo González de la Peña, «los años más complicados para la Semana Santa tal y como la conocemos fueron los posteriores a la invasión francesa y sobre todo el año 1932 en el que, por motivos políticos, en plena Segunda República, tampoco hubo pasos en las calles».

Así, la pandemia provocada por el coronavirus está haciendo que se viva una situación que no tiene parangón en la historia de Utrera, donde hay que bucear muy profundo para encontrar dos años consecutivos sin cofradías. También es cierto que hay que tener en cuenta que la Semana Santa tal y como la entendemos no se conforma hasta mediados del siglo XX, ya que en siglos anteriores era una celebración que no congregaba a tantas personas en las calles, y es que en Utrera sólo procesionaban dos hermandades.

«La Semana Santa en Utrera surge a finales del siglo XV gracias a la orden de los franciscanos, y por cercanía está claramente influenciada por Sevilla, teniendo su origen en los primigenios vía crucis», explica De la Peña. «Las prácticas penitenciales de las hermandades se convirtieron en una herramienta perfecta para evangelizar al pueblo, ya que hablamos de años en los que había mucha población que no sabía leer ni escribir, por lo que las órdenes religiosas entendieron que las procesiones eran un buen método para enseñar su mensaje», precisa el historiador.

La desamortización y la invasión francesa dejaron herida de muerte a la Semana Santa como se había concebido en momentos anteriores, por lo que el siglo XIX aparece como uno de los momentos más difíciles para esta celebración religiosa. Son años en los que sólo siguen procesionando en Utrera las hermandades de la Vera-Cruz y Jesús Nazareno. Momentos muy curiosos desde el punto de vista artístico y estético, porque se trata de una época en la que las hermandades seguían las corrientes artísticas que estuvieran imperando en cada momento, por lo que incluso se podían ver en aquellos años pasos de estilo neoclásico.

Como explica Eduardo González de la Peña, la imagen que alcanza hasta nuestros días de la Semana Santa, de inspiración fundamentalmente barroca, no llega a esta tradición hasta el siglo XX: «es indudable que el Barroco se instaló en la Semana Santa con la llegada del siglo XX». Se va poco a poco fraguando la que, sin duda, sería la edad de oro de la Semana Santa en el Sur de España ya que, como apunta De la Peña, «para mí las décadas de los 80 y los 90 del siglo XX han sido los momentos de mayor esplendor de la Semana Santa, es cuando sin lugar a dudas ha existido mayor participación en las hermandades, hasta los años 40 era un logro que una hermandad procesionara con 20 parejas de nazarenos».

Por el camino de la evolución de una tradición con tantas aristas como es la Semana Santa ha habido capítulos que en la actualidad sorprenderían a muchos utreranos. Como, por ejemplo, el paso de la Oración en el Huerto que salía el Domingo de Ramos desde el convento de los dominicos, que se encontraba en la zona que actualmente ocupa el mercado de abastos. O un Descendimiento que procesionaba el Miércoles Santo desde el Niño Perdido o la Vera-Cruz saliendo el Jueves Santo y no con el Señor Atado a la Columna, sino con un crucificado que pudo ser el Cristo de la Buena Muerte que después adoptaría Los Gitanos como imagen titular. Instantes únicos de la Semana Santa que se perdieron en la bruma de la historia.

Así, a lo largo de los últimos siglos, la Semana Santa de Utrera ha escrito innumerables capítulos, y ha estado siempre lógicamente marcada e influenciada por la situación política y social que se ha vivido en cada momento. A buen seguro, que una vez que finalice este bienio tan difícil (2020-2021), todos los cofrades de Utrera seguirán escribiendo nuevos e interesantes capítulos de esta tradición que, sin lugar a dudas, es parte de la identidad de Utrera.

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