Los que le conocen dicen de él, que es una enciclopedia andante, un enamorado de Utrera. Además de un conocedor y amante de la cultura catalana. Juan Márquez, un tipo al que le gusta pasar desapercibido, pasea a diario por Utrera enfundado en un chándal y repartiendo consejos a los jóvenes que sueñan con ser futbolistas sobre su gran pasión, el fútbol, deporte que ha dado sentido a su vida.
Nos remontamos a los años 60. Unos años marcados por la dictadura y la hambruna que azotaba al país. Un tiempo en el que los grandes ídolos de la época eran Alfredo Di Stefano, Pelé, o Garrincha. Juan, un niño de orígenes humildes, abandonado por sus padres y criado por su abuela soñaba como todos los chavales con ser futbolista pero confiesa que «la hambruna de la época mermó mis capacidades físicas».
Se calzó por primera vez unas botas en los juveniles del San Juan Bosco. Después, pasaría a los juveniles del Utrera, ya como un jugador federado. Sus condiciones futbolísticas no pasaron desapercibidas para el seleccionador andaluz de la época que contó con el utrerano. Allí, coincidió con Paco Chaparro y Bancalero. Juan cuenta que «toda la plantilla estaba compuesta por jugadores del Betis y del Sevilla menos yo que procedía del Utrera». La mala suerte hizo que solo jugara un partido con la selección. Una rotura de menisco le impidió volver a competir durante un tiempo.
El Utrera desaparece y Juan pasa a formar parte del Kinber, un equipo utrerano creado por empresarios de la época. Las necesidades económicas y la lesión de menisco le apartaron un tiempo del fútbol. Tras esto, el utrerano se alistó en la Marina pero al poco tiempo de estar allí, descubrió que no era lo suyo y comenzó automovilismo en la escuela de Madrid. De la capital de España desembarcó en Morón, donde volvió a retomar su afición al fútbol durante cuatro años. Después de cuatro temporadas en la localidad vecina fichó por el Écija, club que desaparece por la mala situación económica. Y vuelve a Utrera «un equipo que iba último y que salvó la categoría. Los diez partidos que jugué no se perdió ni uno».
Con 24 años como muchos andaluces en busca de trabajo decide emigrar a Barcelona. Allí, compagina el trabajo de transportista con el de jugador del Pueblo Seco, una barriada de Barcelona.

Juan Márquez recuerda con especial cariño el partido homenaje a Miguel Ángel Valdivieso de Radio Nacional de España. Para este encuentro se seleccionaron a futbolistas pertenecientes a diferentes clubes catalanes entre los que recuerda que se encontraban Carlos Rexach del F.C. Barcelona o Solsona del Espayol. «A mí me eligieron porque era el más técnico del Pueblo Seco». En este partido el utrerano jugó de medio centro frente a un equipo inglés de Segunda División. «Le metimos 9-1 al equipo inglés que tenía una borrachera de whisky que no se podía aguantar». El Pueblo Seco sería su último equipo, la lesión de menisco aparecería de nuevo y le obligaría a colgar las botas para siempre.
Pero Juan Márquez no abandonaría ni muchos menos el fútbol. El utrerano comenzaría los estudios de entrenador «me saqué el carnet porque tenía una obsesión muy grande. Acabar con la política nefasta y totalmente traicionera que estaban haciendo los directivos del Utrera». Juan quería que los jugadores de otras localidades no les quitaran el sitio a los futbolistas utreranos. Según Juan «todo el dinero que había era para los niños que venían de Sevilla y los jugadores de aquí estaban marginados». En la Escuela Catalana de entrenadores volvería a coincidir con Carlos Rexach, Osorio y Solsona.
Al finalizar el curso de entrenador Juan cuenta como Carlos Rexach «con el que tuve una gran amistad me ofreció entrenar algunos equipos de Cataluña». Carlos Rexach, el que fuera descubridor de Messi vio algo diferente en el utrerano «Rexach quería que entrenara en la cantera de Barcelona pero la política del club no permitía que nadie entrenara sin antes haber sido jugador del club culé». Convertido en entrenador, el número uno de su promoción, y dispuesto a cambiar muchas cosas del fútbol utrerano regresaba a su pueblo.
Sus inicios como entrenador se cocieron en el apartamento que tenía Bambino enfrente del Santiago Bernabéu. Juan Márquez y Miguel Vargas amigos íntimos desde niños decidieron fundar la Peña Bambino. «Fue un error porque cogí a todos mis amigos que se emborrachaban hasta las 8.00 de la mañana». Entre risas Juan cuenta como «tenía que ir a buscarlos a todos los bares». Un error del que asegura que aprendió.
De lo que se siente más orgulloso es de haber entrenado al Utrera Balompié. Cinco años en los que consiguió tres ascensos de categoría, dos liguillas de ascensos, además del título al mejor entrenador tras una temporada en la que el Utrera Balompié no perdió ni un encuentro. «El juego que Johan Cruyff trajo al F.C. Barcelona procedente del Ajax, ya lo había realizado yo antes aquí con el Utrera Balompié. Por supuesto, mejorando las categorías. Ellos, en la primera División y nosotros en regional».
Su última etapa como entrenador fue en el C.D. Utrera B. El actual presidente del Sevilla, Pepe Castro; y Rafael Santos los buscaron para que se pusiera al frente del equipo. Entrenó a la segunda plantilla durante 15 partidos en los que no logró compaginar con tres futbolistas. «Pedí a la directiva que expulsara a estos tres jugadores que estaban corrompiendo al equipo. No lo hicieron y dimití».
Con Bambino del que era chófer cuando «le parecía» asegura que vivió muchas noches de fiesta. Una de estas noches la compartió con María Jiménez, Fosforito, Sara Montiel, Marujita Díaz, el Turronero y el Lebrijano en el camerino estando todos muy «agustito». Cuenta como Marujita Díaz bromeó sobre el tamaño de su nariz «a mí me sentó tan mal que le di un zapatazo en la cabeza. Aunque después acabamos entre abrazos y risas». También tiene el privilegio de haber compartido momentos con el gran Camarón de la Isla. Esta amistad surge cuando José Monge actuaba como telonero de Bambino después se convertiría en una gran estrella. «Más de una vez lo acerqué a la casa de Paco de Lucía». Juan recuerda el paso de Camarón de los tablaos flamenco al Palacio de la Música de Madrid.
De sus 40 años como taxista en Barcelona tiene mil anécdotas entre todas, siempre recuerda la ocurrida con el humorista catalán Eugenio al que montó en su taxi y le dijo: «estoy indignado con los chistes que cuenta, chistes con los que en Andalucía le pegarían tres guantás». En otros de sus servicios descubrió como Canito, ex jugador del Espayol y del Betis, era sobrino del cantaor y paisano Enrique Montoya. Y el susto que pasó con el motín que organizaron los presos de la cárcel de Barcelona del que se libró por intuición.
Juan Márquez, un personaje muy peculiar que confiesa no decir su edad porque Bambino y Camarón le dijeron que daba ‘bajío’. Que se hizo del Real Madrid aunque siempre estuvo enamorado del juego de F.C.Barcelona y que se quedó con la espinita de ser taxista en Madrid. Un hombre que reconoce que en su complicada vida, el fútbol se lo ha dado todo. Un deporte que según él «es poder, querer y concentración».

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