José Anaya García: «Me conozco cada rinconcito de este lugar maravilloso»

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Desde hace décadas, este simpático utrerano ha sido el guardián del monasterio de Consolación

Hay pocos lugares de Utrera donde se respire el aroma especial que se detecta en el monasterio de Consolación. Una ubicación cargada de historia, que habitaron en primer lugar allá por el siglo XVI los frailes mínimos, que ha tenido diferentes usos a lo largo de la historia y que en la actualidad es prácticamente el único claustro conventual utrerano que queda en pie. Utrera fue durante un tiempo una ciudad repleta de conventos, pero que fueron desapareciendo uno tras otro. Afortunadamente este claustro se puede seguir disfrutando cada día.

Hay una familia que a lo largo de las últimas décadas ha tenido el privilegio de nacer, crecer y vivir dentro de estos muros. Es lo que ha vivido en primera persona el utrerano Pepe Anaya García, quien a sus 82 años, se ha convertido en uno de los mejores guardianes del monasterio de Consolación y de todas sus tierras. Un trabajo que comenzó su abuelo, continuó su padre, posteriormente desempeñó él durante décadas y del que ahora se encarga su hijo, Pepe Anaya Barrera. Cuatro generaciones al servicio de los propietarios de uno de los inmuebles más emblemáticos de la localidad.

«Mi abuelo nació en El Pastorcito y mi padre era maestro de molino y de aceite en la fábrica de jabones que estaba junto al santuario», explica Pepe, quién se conoce la propiedad al detalle, y proclama orgulloso «me conozco cada rinconcito de este lugar maravilloso». Y es que además del propio monasterio, la propiedad ha tenido históricamente asociadas muchas tierras de la zona y la emblemática fábrica de jabones de Luis de Miñón, ubicada en la parcela anexa y que funcionó durante el primer tercio del siglo XX.

En otros tiempos los propietarios del monasterio, la familia Rovira, eran dueños de 10.000 hectáreas de tierras, donde estaban instalados numerosos colonos. La administración de estas tierras era la tarea de Pepe, quién recuerda como en los primeros años «me movía a caballo por todas las tierras para ir de un lugar a otro, lo que nos permite hacernos una idea de lo grande que era todo».

En el año 1942 se instaló en el monasterio de Consolación el estudiantado filosófico de Los Salesianos, años en los que la familia de Pepe dejó de vivir en este inmueble para trasladarse a edificios de la proximidades. El vínculo con el monasterio siguió siendo muy estrecho, ya que Pepe, junto al resto de niños de la zona, recibía clases gratis por parte de los Salesianos para aprender a leer, escribir, sumar y restar. «Los Salesianos nos daban clases en una pequeña habitación de la planta baja de 19.00 a 21.00 horas y uno de mis compañeros de aquella clase era Bambino», cuenta Pepe.

Fueron años de mucha actividad en todo el entorno gracias al impulso de aquellos salesianos que vivían de forma muy humilde y sencilla y en los que según Pepe llegó a haber «hasta 200 salesianos en el convento». Una etapa que terminó en el año 1957, cuando Los Salesianos abandonaron la propiedad y de nuevo Pepe junto a su familia se instaló como guardián del monasterio junto a su familia.

A comienzos de los años noventa el monasterio entró en otra etapa, ya que comenzaron a celebrarse en sus instalaciones todo tipo de eventos, como bodas, celebraciones y citas de diversa índole, lo que permitió que muchos utreranos conocieran de primera mano esta valiosa construcción de más de 12.000 metros cuadrados. En la actualidad, en la planta superior están habilitadas para la familia propietaria un total de diez habitaciones y Pepe recuerda como el monumento ha servido en varias ocasiones de escenario para la grabación de películas y series, entre las que hay que destacar ‘La Peste’ o ‘La venganza de Don Mendo Rock’.

Son muchas las personas de Utrera que conocen a Pepe por desempeñar un cargo tan destacado en el monasterio de Consolación, pero también muchas otras lo conocen por su vinculación con el flamenco, ya que fue durante 16 años presidente de la Peña Cultural Flamenca Curro de Utrera. Un cargo que ostentó desde el año 1990 a 2006, coincidiendo con una etapa muy valiosa del flamenco de la ciudad, donde aún estaban en activo figuras de la talla de Fernanda y Bernarda, Enrique Montoya o Bambino.

Pepe destaca con especial cariño el esfuerzo que hizo la peña para la construcción del monumento dedicado a Fernanda y Bernarda «del que pagamos una parte muy importante, al igual que para la estatua dedicada a Bambino». Años en los que el Festival del Mostachón, que organiza la peña, brindó sucesivos homenajes a algunos de los artistas más importantes de la historia de Utrera y que nuestro protagonista rememora como «una época muy buena para el flamenco, en la que era todo muy puro y había muy buen ambiente».

Un utrerano muy singular, que muestra orgulloso los bonitos carteles del Festival del Mostachón que se elaboraban en otros tiempos en los que los carteles se hacían con diferentes criterios estéticos, que cuida cada rinconcito del monasterio de Consolación con esmero y que ha tenido la suerte de vivir y ver crecer a su familia en un lugar de Utrera que tiene más de 500 años de historia.

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