El Potaje Gitano celebró con éxito su sexagésimo séptima edición, en un acto que rindió un emotivo homenaje a Pansequito y Aurora Vargas
Una de las citas clásicas en Utrera en el comienzo del verano es el Potaje Gitano. El festival flamenco más antiguo del mundo ha vuelto un año más a los patios del colegio salesiano ‘Nuestra Señora del Carmen’, donde pudo disfrutarse de una magnífica velada.
Organizado por la hermandad de los Gitanos, el evento rindió homenaje al matrimonio formado por los cantaores Pansequito y Aurora Vargas. En el caso de él, a título póstumo, tras fallecer pocas semanas después de darse a conocer el reconocimiento. La cantaora acudió a Utrera acompañada por su hijo, quienes recibieron el cariño del público en un acto en el que se recordó la trayectoria de ambos artistas. Precisamente de hablar de los homenajeados se encargó el cardiólogo Antonio Fernández Romero, amigo de ellos y que ejerció como mantenedor. Lo hizo en una emotiva intervención, en la que recordó su relación con los dos artistas, salpicada por algunos sonidos del cante de Pansequito.
Tras recoger el tradicional obsequio con la olla y el carro, como símbolo del Potaje Gitano, Aurora Vargas mostró su cariño por Utrera, una ciudad en la que «me he divertido y he trabajado, y donde tengo muy buenos recuerdos». Además, quiso dedicar su homenaje a Pansequito y el de su marido «a su gran amigo Curro Romero», que precisamente estaba entre el público, acompañado por su mujer. También estuvieron presentes el delegado del gobierno de la Junta de Andalucía en Sevilla, el director del Instituto Andaluz del Flamenco y el hermano mayor de la hermandad de los Gitanos de Sevilla, entre otros.
En su intervención, el hermano mayor de la hermandad de los Gitanos de Utrera, Diego Jiménez, recordó que este era su último Potaje Gitano al frente de la corporación religiosa, al tiempo que mostró el «orgullo» que siente por el festival. Por su parte, el alcalde, Francisco Jiménez, quiso agradecer «el apoyo que he recibido de muchos de los presentes, ya que habéis hecho posible que esté nuevamente aquí, reconociendo todo lo singular y lo importante que tiene Utrera y, en particular, la hermandad de los Gitanos».
En este acto, los homenajeados recogieron también, como es tradicional, otro obsequio con el templete que representa a Cruzcampo. Ocurrió de manos de Antonio Pardo, de Heineken España; y de Rafael García, distribuidor de Cruzcampo en Utrera.
El homenaje a Pansequito y a Aurora Vargas fue el momento central de una noche que estuvo acompañada por el tradicional potaje de frijones, y en la que el cante, el toque y el baile hicieron disfrutar al abarrotado auditorio. Fue en una convocatoria en la que también se hizo presente el recuerdo a Fernanda de Utrera, coincidiendo con el centenario de su nacimiento.
La sexagésimo séptima edición del Potaje Gitano comenzó con sones autóctonos, como son los del cantaor Rafael de Utrera, que se encargó de abrir la velada. Con sus cantes se iniciaba un festival que más tarde recibió la veteranía del gaditano Juanito Villar. Por su parte, el baile llegó al patio de los Salesianos de la mano de Farruquito, miembro de una de las sagas de artistas flamencos más conocidas, quien protagonizó una de las actuaciones más destacadas de la noche.
La segunda mitad del certamen, que fue presentado por el periodista Juan Garrido, arrancaba con la voz de uno de los cantaores más importantes del actual panorama flamenco, como es Israel Fernández. Mientras, el colofón a la velada llegó en forma de cuadro flamenco, bajo el nombre ‘Esencia y compás’, con varios artistas que pusieron el broche a una cita ineludible de la programación cultural utrerana, que permite recaudar fondos para llevar a cabo proyectos de caridad por parte de la hermandad.

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