La historia del utrerano Juan Angulo, el primer fontanero que trabajó como funcionario para el Ayuntamiento

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A finales de la década de los 50 y a comienzos de los años 60, en una Utrera de canalizaciones a cielo abierto y muchas calles de tierra, Juan Angulo y su pandilla de amigos hacían todo tipo de diabluras. No eran años fáciles, y menos para la familia de este utrerano, criado por una madre soltera, pero él no dudaba en cruzar el conocido como ‘puente de los cochinos’ portando antorchas o en llevar a cabo travesuras que incluso terminaban con su reclusión en lo que por aquellos año se denominaba como ‘la casilla’, una especie de calabozo que estaba en las dependencias municipales.

Después de su breve paso por el colegio de los Salesianos, con sólo 13 años, Juan ya estaba trabajando de hojalatero, aprendiendo a elaborar bebederos para los animales, arreglando sartenes y peroles o reparando canales en las casas y también cuartos de baño. «En aquellos tiempos las herramientas no tenían nada que ver con las de ahora y montábamos las canaletas en los tejados empalmando escaleras de madera», explica el propio Juan Angulo, quien al echar la vista atrás reconoce que «no he parado de trabajar en toda mi vida».

Una vez que parecía que su carrera profesional iba a estar en el mundo de la fontanería, Juan recuerda con emoción cómo «mi madre fue a la ferretería Martínez para comprarme una caja de herramientas a plazos y comencé a hacer mis primeros chapuces». Teniendo como maestro a Manuel López Alcoba, que tenía su taller de hojalatero-latero en la zona de ‘El Charco’, Juan poco a poco fue progresando en la profesión, instalando numerosos cuartos de baño de plomo, trabajando de manera incansable, sin horario y algunas veces en condiciones muy delicadas. A Juan nunca le ha asustado nada que tenga que ver con el trabajo y, si hacía falta ir hasta Los Molares en una bicicleta de hierro llevando un tubo de cuatro o cinco metros y todos los materiales, no lo dudaba ni un segundo.

«La fontanería en aquella época era un trabajo duro, no teníamos la ropa adecuada, trabajábamos entre agua todo el tiempo y en invierno se pasaba muchísimo frío, se te congelaban las manos», explica Juan, quien cuenta cómo poco a poco comenzó a realizar trabajos relacionados con el Ayuntamiento de Utrera, debido a su buena relación con Joaquín Melero. Años en los que también se encargó junto a su amigo Pepe de la instalación de más de 500 contadores en la barriada La Paz y en los que terminó integrando la plantilla municipal, convirtiéndose en funcionario del Consistorio utrerano.

Juan fue por tanto uno de esos trabajadores que con su entrega y compromiso con la comunidad fue en cierta manera uno de los creadores del Ayuntamiento que conocemos en la actualidad. Siempre tenía una solución para los problemas que se planteaban, en años en los que los medios eran muy escasos y Utrera aún se abastecía del agua que venía de diferentes pozos que estaban en la Huerta Nueva, en Fuente Vinagre o en San Joaquín.

Entre sus muchas funciones estaba la desagradable tarea de tener que cortarles el agua a las personas que no pagaban los correspondientes recibos. Una dimensión del trabajo en la que Juan siempre mostró su humanidad, ya que él recuerda cómo «he intentado ayudar a todo aquel que he podido, nunca infringiendo la ley, pero si teníamos que hacer una colecta entre varios compañeros de nuestros bolsillos para pagar los recibos pendientes de alguien, o poner esos recibos los últimos para que les diera tiempo a pagar, lo hacíamos sin ninguna duda».

Tiempos en los que ya no sólo le bastaba con su labor como fontanero en el Ayuntamiento, ya que Juan también llegó a ser encargado del primigenio cuerpo de bomberos que existía en Utrera. Una labor en la que demostró su valor en varias ocasiones, actuando en la extinción de incendios, o como en un caso en el que no dudó en lanzarse al Calzas Anchas en tiempos de riada para atrapar un tronco que podía colapsar la zona y provocar inundaciones. Una labor por la cual incluso el pleno del Ayuntamiento de Utrera le concedió un reconocimiento.

«Si hay algo de lo que me siento orgulloso es que siempre he tenido bastante mano izquierda, y por ello creo que me han respetado a todos los niveles y los gobernantes me han escuchado siempre y me han pedido consejo. Siempre he intentado que las administraciones colaborasen entre ellas», explica el propio Juan.

Este utrerano estuvo 14 años trabajando de manera continuada como fontanero municipal, un período tras el cual ocupó cargos de responsabilidad en la gestión de la depuradora de aguas de Utrera. Con el paso de los años, pasó a ser el encargado de la incipiente Aguas del Huesna en Utrera, sus pedanías, Los Palacios y Villafranca, y Las Cabezas de San Juan.

Juan ha protagonizado una brillante carrera profesional, en la que todos los que han tenido la oportunidad de conocerle han podido entrar en contacto con una buena persona, que siempre ha tratado de encontrar la mejor solución para todos y en la que, como él mismo asegura, «me lo he ganado todo a pulso con mi trabajo».

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