Fallece la conocida utrerana Pepita Cansino

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La utrerana María José Cansino Caballero, más conocida en la localidad como Pepita Cansino ha fallecido este viernes a los 85 años. Esta mujer, muy popular en la localidad, sufría desde finales de 2021 una serie de importantes problemas de salud que se han agravado en los últimos días, desembocando en el triste final.

Pepita nació en la calle La Fuente Vieja, lugar en el que su padre, Manuel Cansino, regentaba un famoso taller de venta y reparación de bicicletas y motos. A las faldas del castillo, en el solar que en la actualidad ocupa la Peña Bética, existía un pequeño jardín, que era el lugar en el que Pepita jugaba y servía de punto de encuentro para los niños de la zona, un enclave en el que pudo tocar también por primera vez la nieve que dejó a Utrera cubierta de un fino manto blanco en 1954. Estudió en el colegio de las religiosas del Santo Ángel, y hace unos años, en una entrevista en El Periódico de Utrera, recordaba diversas anécdotas de su vida, como el día en el que con «solo nueve años puse patas arriba el teatro de Utrera cantando por Lola Flores».

A esta intrépida utrerana se le encendía la mirada cuando recordaba a su difunto marido, el torero venezolano Enrique Loyo, al que vio por primera vez entrando en la tienda de su padre para comprar una moto. «Le pregunté a mi padre quién era y me dijo que no le gustaba para mí, que venía de muy lejos, pero al final se terminaron adorando», contaba Pepita.

La historia acabó en boda y, en 1961, Pepita y Enrique contraían matrimonio en el santuario de Consolación, uno de esos enlaces que terminó siendo muy sonado en la localidad. «El día de nuestra boda tuvieron que poner una pareja de municipales en mi casa y otra en Consolación, debido a la gran cantidad de personas que querían vernos», recordaba la utrerana.

Esta mujer, de carácter y conversación incansable, y con una coquetería natural, ha demostrado la suficiente visión comercial a lo largo de su vida para propiciar la puesta en marcha de varios negocios en los locales que su familia poseía en la zona de La Fuente Vieja. Ella se encargaba de iniciar la aventura para que la continuara alguno de sus dos hijos.

Algo que se ha mantenido inmutable a lo largo de su vida ha sido una profunda devoción a la imagen del Redentor Cautivo. «El Cautivo para mí es sagrado, es el más guapo y el mejor de Utrera», explicaba Pepita. Precisamente la imagen de la hermandad del Jueves Santo utrerano es la protagonista de una curiosa historia que también recordaba en aquella entrevista: «durante casi 20 años, salí detrás del Cautivo cada Semana Santa, y es una promesa que comencé porque un año mi marido se fue de viaje a ver a su familia a Venezuela y decidí salir para pedirle al Cautivo que mi marido volviera». Y es que Enrique siempre insistía para que Pepita cruzara el charco con él, ya que echaba mucho de menos a su familia, pero ella nunca se animó a hacer el viaje, principalmente porque «le prometí a mi padre que no me movería de Utrera, en cambio mi hija sí ha estado allí en un par de ocasiones».

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