Las últimas ocho décadas y media de la historia de esta hermandad no podrían entenderse sin la labor de Francisco Ruiz Carrión
La Utrera cofrade, y sobre todo la familia trinitaria, está de luto. Este sábado ha fallecido a los 85 años Francisco Ruiz Carrión, conocido de forma popular como Curro Primo. Este utrerano era el hermano número 1 de la hermandad de la Trinidad, de la que formó parte activa toda su vida.
El velatorio se encuentra instalado en la sala 2 del tanatorio Servisa de Utrera y el funeral tendrá lugar este domingo, a las 12.00 horas, en la parroquia de Santa María de la Mesa.
Nació en la calle Virgen de Consolación en 1939 y, cuando solo tenía unos meses de vida, su padre lo apuntó en dicha cofradía. Francisco heredó el nombre precisamente de su padre, que el mismo año en el que él nació, abrió las puertas de la zapatería ‘La Española’, un comercio tradicional que aún se mantiene en pie muchas décadas después.
En la década de los 40 del pasado siglo XX tuvo lugar una campaña para relanzar la hermandad, que no atravesaba una buena época. En esta iniciativa, muchos comerciantes del centro de Utrera, entre los que estaba el padre de Curro Primo, decidieron entrar en la corporación religiosa para apoyarla y ayudarla en su resurgimiento. «En aquella primera época había muchas cosas por hacer y hacía falta mucho apoyo. Se salía prácticamente de prestado gracias a la implicación de Jesús Nazareno y el Santo Entierro, que nos cedían muchos de sus enseres», explica este utrerano en una entrevista en El Periódico de Utrera.
La Trinidad ha pasado por todo tipo de avatares en las últimas décadas, siendo además una corporación humilde que ha tenido que luchar contra viento y marea. Curro Primo ha vivido el hundimiento del tejado entero de la capilla, incendios que afectaron gravemente tanto a la Virgen de los Desamparados como al Cristo de los Afligidos, problemas en la cúpula del templo y en los inmuebles colindantes a la iglesia. «Todos estos problemas se pudieron arreglar en su momento gracias a la ayuda de hermanos y ciudadanos de Utrera», recuerda.
Pero no todo han sido tristezas, ya que este utrerano ha sido parte fundamental en muchos de los progresos que la hermandad ha conseguido. En los años 90, junto a otros tres hermanos, formó una comisión para recaudar fondos de cara a completar el dorado del paso del Cristo de los Afligidos. Pusieron en marcha un pionero sistema de donaciones mensuales, gracias al cual consiguieron el objetivo y dotaron a la cofradía de un magnífico paso. Una vez que se alcanzó este logro, se siguió con el mismo sistema para comprar las imágenes que componen el actual misterio de la Borriquita.
A la hora de la verdad, como él mismo explicaba, «he estado en los mínimos puestos de responsabilidad posibles, porque a mí lo que siempre me ha gustado ha sido trabajar por la hermandad». Y él afirmaba orgulloso que «quiero a la capilla de la Trinidad como si fuese mi segunda casa».
La familia de Curro estaba compuesta por 12 hermanos, por ello cuando falleció su padre, que sólo tenía 22 años, se vio obligado a dejar sus estudios de comercio y echar una mano en la administración contable de las dos zapaterías que aquellos momentos gestionaba su familia, y de la noche a la mañana se convirtió en el cabeza de familia.
Una vez que los negocios fueron poco a poco progresando y su hermana Chelo creció y tomó las riendas de la zapatería, Curro exploró otros terrenos profesionales, entre los que hay que destacar su trabajo en una empresa que se denominaba Fomento de Crédito, y que lamentablemente no acabó bien. Posteriormente realizó las oposiciones para ingresar en el Banco Bilbao Vizcaya, donde terminaría desempeñando gran parte de su carrera profesional.

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