Cuando aprieta el calor y las tardes se hacen interminables, hay pocas cosas en Utrera que sean tan gratificantes como disfrutar de un buen helado o de una granizada en algunas de las magníficas heladerías de las que dispone la localidad. Rogelio Cortés Ruiz es el último eslabón de una familia de heladeros artesanos utreranos que, durante tres generaciones, han estado al frente de diferentes establecimientos en la localidad, entre los que destaca La Valenciana.
Rogelio se crió en la Vía Marciala, en tiempos donde era una de las calles más animadas de toda la localidad, un lugar donde como él mismo afirma «siempre había gente paseando, había cines, cafeterías y quioscos». Estudió en Los Salesianos para posteriormente iniciar la Licenciatura de Historia y la mayoría de los utreranos lo conocen por haber seguido la tradición familiar en el mundo de los helados. Desde muy joven comenzó a ayudar a la familia, conociendo de cerca la elaboración de los helados artesanos, vendiendo durante décadas lo que él mismo asegura que es «crema de helado, no helado montado».
Su padre, Rogelio, quien le enseñó los secretos de este delicioso producto, ha fallecido recientemente, por lo que ahora se ha quedado él al frente de esta tradición que se ha convertido casi en una institución en Utrera, no en vano la heladería está presente desde el año 1968 en la plaza de la Constitución, y antes estuvo en la propia Vía Marciala. Otra de las señas de identidad del establecimiento es su famosa granizada, una bebida que Rogelio asegura que «seguimos haciendo con la fórmula que inventó mi abuelo, solo con limones naturales».
Hay una faceta menos conocida de este utrerano pero que es igualmente interesante, ya que Rogelio es uno de los coleccionistas más importantes que hay en Utrera. Todo comenzó en su infancia, cuando comenzó a coleccionar los tebeos de la época, un producto que terminó cambiando por discos cuando cumplió los 15 años. Discos de bandas como los Beatles, los Rolling Stones o de grupos españoles que sonaban con fuerza en aquellos tiempos.
Lo que comenzó como una simple afición se fue convirtiendo poco a poco en una parte muy importante en la vida de Rogelio, acumulando poco a poco una colección de mucho valor, que completaba con su presencia en importantes ferias del coleccionismo que se celebraban en Sevilla o en Madrid, donde adquirían verdaderas maravillas. «Ahora he dejado un poco atrás la etapa en la que compraba de todo de manera prácticamente compulsiva, y me dedico más a redescubrir todo lo que tengo y a catalogarlo», afirma Rogelio.
Su colección ha llegado a alcanzar los 10.000 discos, 3.000 compactos o 2.000 películas, además de libros y otros objetos curiosos. En los años 80 con el nuevo auge del mundo del comic, volvió a sus orígenes y también se hizo con una importante colección que todavía mantiene. Rogelio cuida con mucho detalle toda esta valiosa colección que tiene perfectamente ordenada en un bajo de la calle Doctor Pastor donde, mediante cita previa, es posible conocerla e incluso comprar auténticas pequeñas joyas.
Rogelio Cortés, un nombre que en Utrera es sinónimo de helados artesanos, una persona que después de muchos años comprando todo tipo de artículos, cuenta con un auténtico museo en la localidad, que merece la pena visitar.

Deja una respuesta