Conocido popularmente como ‘Currito Primo’, es el hermano más veterano de esta corporación religiosa
Cuando España poco a poco comenzaba a recuperarse de las tremendas heridas que le había provocado la Guerra Civil, en el año 1939, nacía Francisco Ruiz Carrión, un querido utrerano conocido de manera cariñosa como ‘Currito Primo’. Francisco heredó el nombre de su padre, que el mismo año en el que él nació, abrió las puertas de la zapatería La Española, un comercio tradicional que aún se mantiene en pie muchas décadas después.
La familia estaba compuesta por 12 hermanos, por ello cuando fallece su padre, Curro, que sólo tenía 22 años, se vio obligado a dejar sus estudios de comercio y echar una mano en la administración contable de las dos zapaterías que aquellos momentos gestionaba su familia, y de la noche a la mañana se convirtió en el cabeza de familia. «Fue una etapa complicada, porque yo en aquellos momentos era muy joven, pero pude superarla gracias a la gran formación que me legaron mis padres, ellos nos enseñaron a relacionarnos con todo el mundo. Eran muy generosos, en nuestros negocios se dejaba fiado a todo el mundo», explica el propio Currito Primo, quien a sus 83 años recuerda aquellos momentos como si hubiesen ocurrido hace pocos días.
Una vez que los negocios fueron poco a poco progresando y su hermana Chelo creció y tomó las riendas de la zapatería, Curro exploró otros terrenos profesionales, entre los que hay que destacar su trabajo en una empresa que se denominaba Fomento de Crédito, y que lamentablemente no acabó bien. Posteriormente realizó las oposiciones para ingresar en el Banco Bilbao Vizcaya, donde terminaría desempeñando gran parte de su carrera profesional.
Los lazos familiares han sido siempre muy importantes para la familia Ruiz Carrión, que a lo largo de los años ha mantenido una relación muy estrecha, que sólo ha conseguido cortar en parte la llegada de la pandemia. «Hasta la llegada de la pandemia celebrábamos cada semana una comida en la que nos veíamos todos los hermanos y ha habido veces en las que en reuniones familiares nos hemos llegado a juntar casi un centenar de personas, siendo siempre nuestro punto de encuentro la zapatería», asegura Curro.
Pero si hay un apartado que ha destacado de manera especial en la vida de Francisco Ruiz Carrión es su estrecha relación con la hermandad de La Trinidad, una corporación a la que tiene mucho cariño y para la que ha trabajado de manera altruista incontables horas. Curro es hermano de La Trinidad desde el 10 de marzo de 1940, ya que cuando nació su padre lo apuntó tanto a la hermandad de la calle Cristo de los Afligidos como al Santo Entierro. Actualmente cuenta con el honor de llevar más de 82 años de hermano de La Trinidad, siendo por tanto el hermano más veterano, y que además ha protagonizado una vida muy activa ligada a la hermandad.
A la hora de la verdad, como él mismo explica «he estado en los mínimos puestos de responsabilidad posibles, porque a mí lo que siempre me ha gustado ha sido trabajar por la hermandad». Este utrerano es uno de los responsables del crecimiento que ha experimentado la hermandad a lo largo de los últimos años, porque su empuje, trabajo e insistencia ha sido vital para poner en marcha muchos proyectos importantes. Entre ellos destaca el dorado del paso del Cristo de los Afligidos, que tuvo lugar en los años 90, y para el cual fue el impulsor de un pionero sistema de donaciones periódicas a través de una cuenta bancaria; y la exitosa renovación del misterio de La Borriquita.
Currito Primo, un utrerano dotado de un extraordinario sentido del humor y que siempre tiene una sonrisa o un comentario simpático para su interlocutor, es un pilar muy importante para la hermandad de La Trinidad, cuya iniciativa también ha sido fundamental para las innumerables obras que se han hecho a lo largo de los últimos años en el templo trinitario. Por ello no es extraño que asegure orgulloso que «quiero a la capilla de La Trinidad como si fuese mi segunda casa».

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