El 20 de abril de 1921, en la ciudad de Vitoria, venía al mundo Daniel Pérez de Arenaza y Peña, un auténtico ejemplo de persona comprometida con la mejora de la sociedad y que recientemente ha celebrado su 101 cumpleaños. Daniel es una persona muy querida en Utrera y en Sevilla, ya que durante prácticamente 70 años ha llevado a cabo una intensa labor sindical, que ha estado siempre ligada a las siglas de UGT. Daniel ha vivido muchas vidas en sólo una vida y ha sido testigo y en gran parte responsable del gran cambio que ha experimentado un país como España.
La infancia de Daniel no fue nada sencilla, ya que se quedó huérfano siendo muy joven. Únicamente los programas sociales que en aquellos momentos ponía en marcha el gobierno de la Segunda República permitieron a Daniel sortear las dificultades propias de unos tiempos muy complicados y acceder a unos estudios. En primer lugar se formó en la Escuela de Arte y Oficios, para luego hacerlo en un instituto, demostrando siempre un gran amor por la lectura y la cultura en todas sus manifestaciones. No en vano, con más de 100 años, sigue siendo capaz de recitar de memoria numerosos versos y pasajes de libros, recordando a Averroes, Maimónides o Julio Verne.
En plena juventud le tocó de cerca uno de los momentos más complicados de la historia de España, como fue el estallido de la Guerra Civil. Daniel fue reclutado a la fuerza por el bando nacional, que era el que tenía el control del área geográfica en la que se encontraba y tuvo que encargarse de la tarea que supone acarrear mulos de carga, pertrechos y municiones hasta el frente.
Pasaron los años y llegamos hasta el año 1950, instante en el que Daniel se afincó a Utrera y comenzó a trabajar como administrativo jefe en la famosa fábrica de aceitunas de Benito Villamarín, donde tantos utreranos trabajaron. En aquel momento se afilió de manera clandestina al sindicato UGT de Sevilla, donde comenzó una labor que se extendió a lo largo de numerosas décadas. «Siempre he colaborado en el sindicato con humildad y con tranquilidad, siempre me quisieron todos los compañeros y siempre los quise yo a ellos», explica Daniel, que se convirtió desde el primer momento en un auténtico pilar para esta organización que lo tenía muy difícil para poder defender los derechos de los trabajadores en los años más duros de la dictadura.
Tras el fallecimiento de Benito Villamarín, Daniel se trasladó a la vecina localidad de Dos Hermanas para continuar su labor con los hermanos Villamarín, aunque siempre siguió viviendo en Utrera, ciudad en la que formó una familia y en la que ha estado viviendo todos estos años. Tras una dilatada carrera profesional, alcanzó su jubilación en el año 1984, pudiendo dedicar desde entonces más tiempo a una de sus tareas favoritas: la lectura.
Cuando se le pregunta, él insiste en que no fue el fundador de la delegación en Utrera de UGT, pero todos los que en aquellos años se encontraban inmersos en tareas sindicales aseguran que el empuje y la experiencia de Daniel fue crucial para que la organización diese sus primeros pasos en Utrera. Daniel ayudó con su humanidad y humildad a personas como los hermanos Blas y Antonio Galera, Antonio Bocanegra, Purificación Ricca, José Luis Morales Torralba, Emilio Rodríguez o José Antonio Gilabert. Después también sería un apoyo fundamental para personas como José Manuel Guzmán, Andrés Campos o Juan Gómez de Lara Amores, que se encargaron en años posteriores del sindicato.
«Yo soy aquel que en otro tiempo trató de mejorar las cuestiones sociales e hice lo que pude en la UGT, y entonces no se podía hacer mucho», afirma Daniel, ya que tuvo que enfrentarse a momentos muy delicados, en los que el sindicalismo estaba perseguido en España y había que usar mil y una artimañas para poder mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.
Gracias a la bondad y la valentía de personas como Daniel Pérez de Arenaza, los trabajadores españoles cuentan desde la época de la Transición con una serie de ventajas y derechos que durante décadas fueron impensables en España. Personas que lo han dado todo por la igualdad y por la justicia, que en definitiva han escrito la historia de nuestro entorno más cercano y que son los auténticos creadores del estado del bienestar, a los que hay que dar siempre el lugar que les pertenece por propio derecho en la historia.

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