En el siglo XVIII, tres utreranos fueron los encargados de ‘crear’ lo que hoy se conoce como el toro bravo
De manera independiente a las polémicas que afectan de forma tradicional a la fiesta de los toros, y que en muchas ocasiones alcanzan un radicalismo extremo, es una realidad fuera de toda duda que Utrera ocupa un lugar de importancia histórica en la historia del toro bravo o el toro de lidia. Un animal que forma parte del escudo de la ciudad, que es un elemento fundamental en la historia de España en general, que cuenta con un monumento en una de las entradas al casco urbano y que se puede decir que de alguna manera que nació en territorio utrerano.
Habitualmente suele decirse que ‘Utrera es la cuna del bravo’, ya que de las cuatro castas fundacionales andaluzas a las que pertenecen la gran parte de los encastes actuales, tres de ellas se desarrollaron en los campos de Utrera. Animales que en cierta manera puede decirse que fueron ‘diseñados’ por expertos ganaderos que, a través de una cuidada selección fundamentada en la observación, crearon el toro bravo tal y como se conoce en la actualidad. Sin el nacimiento de esos encastes en las suaves colinas que dan forma al término municipal utrerano, la historia de la tauromaquia sería bien distinta.
Para conocer este proceso hay que viajar al siglo XVIII y tener en cuenta tres nombres fundamentales: Benito de Ulloa -el conde de Vistahermosa-, José Rafael Cabrera y Vicente José Vázquez, creadores de los encastes de Vistahermosa, Cabrera y Vázquez, que a la postre se convertirían en el germen del toro bravo contemporáneo. Los tres eran hombres importantes en la vida de mediados del siglo XVIII, poseyendo numerosas tierras y explotaciones agrícolas y ganaderas a lo largo de todo el término municipal.
Importancia capital
Tal y como sostienen numerosos estudios, la importancia que tiene Utrera en la creación del toro bravo es capital, ya que basta un dato para que entendamos hasta dónde se extiende esa influencia: el 95% de los toros actuales que vemos en los festejos taurinos provienen del encaste de Vistahermosa.
Los campos de Utrera han estado plagados históricamente de cortijos en los que pacían tranquilamente estos ejemplares de toros bravos, siendo algunos de los nombres más destacados y conocidos por el gran público El Toruño, Zarracatín o Gómez Cardeña. Se trata de un sector que ha evolucionado mucho en los últimos años y que ha atravesado por numerosas dificultades, aunque en la actualidad siguen existiendo en el término municipal de la localidad ganaderías como Guardiola, Jódar y Ruchena o Murube, que siguen llevando el nombre y la historia de Utrera por las plazas de todo el mundo.

«El toro bravo es el resultado de la selección realizada gracias a la inteligencia del ser humano, que da como resultado un animal que es único en el mundo. Y en esa creación Utrera desempeña, sin lugar a dudas, un papel crucial, el toro bravo es patrimonio utrerano», como ha explicado el historiador Antonio Cabrera Carro en los micrófonos de COPE Utrera (98.1 FM).
La labor realizada por estos tres pioneros utreranos que han pasado a la historia del mundo taurino fue de gran mérito, ya que realmente iniciaron un camino en el que carecían de huellas o de señales a través de las cuales pudieran orientarse, era una senda completamente desconocida y tuvieron que guiarse en todo momento por la intuición y la experimentación. A la hora de mezclar los diferentes ejemplares que dieron como resultado el toro bravo, únicamente contaron con suposiciones y elucubraciones, intuyendo -con buen criterio- que algunos de los caracteres de los toros podrían ser heredados.
Tras Vistahermosa, Cabrera y Vázquez llegaron muchos otros nombres que siguieron con el legado en tierras utreranas, consolidándose la tradición en el siglo XIX con nombres como Juan Domínguez ‘El Barbero de Utrera’, que vivía en la calle de la Plaza; o su yerno José Arias de Saavedra, que fue alcalde de la entonces villa. Por tanto, gracias a estos ganaderos y a multitud de trabajadores anónimos que realizaban labores en torno a estas reses, desde aquellos años el nombre de Utrera comenzó a estar ligado de manera indisoluble al ganado bravo.
A esto habría que añadir, para entender la estrecha relación existente entre el mundo taurino y nuestra ciudad, otros aspectos como la histórica celebración de corridas de toros en el entorno de la plaza del Altozano; la suelta de toros de cuerda, como recoge un famoso exvoto dedicado a la Virgen de Consolación; la construcción de la antigua plaza del Arrecife, que comenzó a funcionar en 1895, ofreciendo su último festejo cien años después; y la cantidad de matadores, novilleros y picadores nacidos en la ciudad.
Hoy, como testigo de esta influencia, cada vez que un toro bravo es lidiado en cualquier punto de la geografía española, en cierta manera está pisando el ruedo una parte de la historia de Utrera.

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