Esta conocida empresa utrerana sigue destilando su inconfundible anís en un alambique de cobre que tiene más de un siglo
Ahora que en nuestra sociedad están tomando cada vez más valor los alimentos de verdad, los productos hechos a mano de manera artesanal y, en definitiva, las cosas bien hechas, ejemplos como el que ha representado a lo largo de las últimas seis décadas una empresa como Anís Flor de Utrera se agigantan y se convierten en una auténtica referencia. Una firma que ha sorteado todo tipo de dificultades, una empresa familiar en la que está trabajando la tercera generación de utreranos y que, a lo largo de las últimas décadas, se ha convertido en todo un emblema de la ciudad.
«Donde va un utrerano, va una botella de la Flor de Utrera, y eso es de agradecer. Es una auténtica satisfacción y afortunadamente la gente nos regala innumerables muestras de cariño», explica José Antonio Espinar, gerente de la empresa y que en la actualidad es el encargado junto a su hermana y su cuñado de continuar con el legado de su abuelo. Y es que son muchas las ocasiones en las que reciben fotografías de utreranos que, desde los lugares más insospechados del planeta, disfrutan del anís Flor de Utrera, y que el hecho de poder beberse una copa de anís les hace estar sentimentalmente más cerca de su tierra.
Desde el mes de septiembre, la fábrica donde se elabora esta bebida de manera artesanal está a pleno rendimiento, porque indudablemente los meses de octubre, noviembre, diciembre y enero son los más fuertes para esta empresa. En estos meses se concentra el núcleo más importante de los pedidos, y los componentes de la familia se tienen que desdoblar para poder atender todo el volumen de trabajo.
En el año 2012 se hacía cargo de la empresa la tercera generación, que entró con el convencimiento de seguir adelante con la misma fórmula artesana que tanto éxito había dado en anteriores décadas, pero con la idea de crecer de manera progresiva cada año para asegurar el futuro de la firma. «Cada año hemos ido aumentado un poco la producción, llegando a nuevas poblaciones, pero siempre de una manera muy tranquila y sostenible, siempre dentro de nuestras posibilidades y cuidando al máximo el producto», explica José Antonio.
Desde que en marzo de 2020 se declarara a nivel mundial la pandemia de la COVID-19, las empresas a todos los niveles han vivido de sobresalto en sobresalto, sin saber muy bien qué se podía esperar de cara al día siguiente. Muchos empresarios, cuando cerraban su empresa, no sabían a ciencia cierta si al día siguiente podrían volver a abrir. La preocupación invadió también a los responsables de Flor de Utrera cuando comenzó el estado de alarma, el confinamiento y cerraron sus puertas los bares. Pero la vida, en algunas ocasiones, reserva sorpresas cuando menos te las esperas ya que, como explica José Antonio Espinar, «sin que todavía no le hayamos encontrado una explicación convincente, nuestras ventas no se han visto afectadas a lo largo de la pandemia. Al principio estábamos muy preocupados, pero nuestros clientes han respondido y hemos podido seguir adelante».
Tras la pandemia llegaba un otoño marcado por una tremenda incertidumbre y una escalada de precios en todos los sectores que no tiene precedentes en la historia más reciente, algo que, lógicamente, a una empresa pequeña que se mueve con márgenes de beneficio muy escasos, como le ocurre a Anís Flor de Utrera, le ha terminado afectando. Como explica José Antonio, «cuando comenzamos a trabajar para esta campaña de Navidad, comprobamos que al hacer los pedidos de todos los materiales que nos hacen falta, había tenido lugar una subida de precios que no la esperábamos, por lo que hemos tomado la decisión de cambiar el formato de la botella y hemos pasado de un litro a 70 centilitros». Espinar entiende que «este cambio era lo mejor para seguir siendo un producto asequible al gran público, confiamos en que la gente lo entienda, porque nos ha subido todo e incluso puede llegar a haber problemas de abastecimiento».
Cada semana, el anís Flor de Utrera se destila en un alambique de cobre que lleva funcionando desde hace más de un siglo, lo que le da a esta bebida genuinamente utrerana un sabor único. Todo ello en una botella que también cuenta este año con una nueva etiqueta, con un diseño actualizado, en el que «hemos cambiado un poco la flor y hemos introducido detalles del alambique. Se trata de un paso adelante pero sin tocar lo que es más importante, sin tocar lo que hay dentro de la botella». De esta manera, los utreranos podrán seguir disfrutando de un sabor único, pero en un formato moderno.

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