El santuario de Consolación se convierte en el epicentro de todas las miradas, con la llegada de miles de peregrinos y devotos
La noche más hermosa del año en Utrera tiene nombre propio: el de la Virgen de Consolación. Como ríos que van a desembocar al mismo océano, numerosos caminos y carreteras de la campiña se inundan de peregrinos que, en la noche del 7 al 8 de septiembre, caminan hasta el templo que preside ‘la del barquito en la mano’.
Utrera sigue viviendo prácticamente a espaldas de un fenómeno que se mantiene inalterable desde hace siglos, cuando Consolación protagonizaba la mayor romería de la baja Andalucía en los siglos XVII y XVIII. Son muchas miles de personas las que acuden a la llamada que cada año hace la patrona utrerana en el día de su festividad.
En la medianoche del día 8, como anuncio de esta importante jornada para Utrera, los campaneros hicieron sonar con entusiasmo los bronces del templo, mientras en el interior se cantaba la salve y se procedía al encendido de la lámpara de aceite, que recuerda el primer milagro de la Virgen. Se producía cuando terminaba la peregrinación del pueblo de Utrera que ha sustituido al tradicional rosario de la aurora, adelantándose a la noche del día 7.
A partir de ese momento –y también incluso antes-, se suceden las visitas y las subidas al camarín de la patrona. Ofrendas florales, velas y muchas oraciones se multiplicaron durante la madrugada.
Como cada 8 de septiembre, son numerosos los momentos especiales que se viven en el santuario de Consolación. Entre ellos se encuentra la Función Solemne en honor a la patrona a mediodía.
Y todo ello en torno a una fecha en la que ‘la del barquito en la mano’ vuelve a confirmarse como el mayor pilar devocional de Utrera, y referente también para miles de personas más allá de las fronteras locales.

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