Este hombre llegó incluso a fabricar televisores, que vendían a los hogares utreranos
En un mundo dominado por internet, las nuevas tecnologías, las plataformas de streaming y la facilidad para acceder a cualquier tipo de contenido audiovisual, resulta muy dificil entender la trascendencia que tuvieron en muchas ciudades a finales de los años 70 y en buena parte de los 80 los recordados vídeos comunitarios. Proyectos que se hicieron muy populares, que permitían a muchas personas ver películas y contenidos audiovisuales que de otra manera eran muy difíciles de encontrar. Son muchos los utreranos que recuerdan con gran cariño Electro Vídeo Utrera, un vídeo comunitario que fundó Antonio García Díaz, y que hizo las delicias de miles de ciudadanos.
Antonio nació en El Coronil, pero muy pronto sus padres se mudaron a Utrera, ciudad a la que él llegó cuando sólo tenía unos 12 años. Rápidamente comenzó a trabajar en el sector de la construcción, hasta que poco después cambió de profesión y se dedicó al mundo de las antenas de televisión, de la mano de Infante. La magia de las ondas y de la electricidad conquistó a Antonio, quien incluso llegó a fabricar televisores que se vendían a los hogares utreranos. «Creamos una marca, que se llama ‘Inga’ y muchos utreranos nos compraron televisores baratos que en numerosas ocasiones eran los primeros que entraron en esas casas», cuenta este utrerano de adopción.
Antonio dio un paso más y se convirtió en un emprendedor, fundando su propia empresa de electricidad, llegando a ser el encargado del mantenimiento de la instalación eléctrica del antiguo Gobierno Civil de Sevilla. Pero en aquel momento un simple gesto le iba a cambiar la vida para siempre ya que, gracias a sus conocimientos técnicos, comenzó a compartir la señal de su vídeo con algunos de sus vecinos de su mismo bloque en La Fontanilla. Lo que él ponía en su vídeo lo podían ver en sus televisores el resto de personas al mismo tiempo. En pocas semanas, el número de conexiones se había multiplicado y, a través de cable, cientos de utreranos comenzaron a disfrutar de todo el contenido que Antonio brindaba. «Aquello tuvo tanto éxito que en muy poco tiempo se extendió por La Fontanilla, El Tinte o San José, hasta el punto que tuve que dejar mi trabajo en Sevilla porque el vídeo comunitario no me dejaba más tiempo».
Los interesados pagaban una cuota de entre 500 y 1.000 pesetas al mes, llegando a rozar los 3.500 abonados en su momento de máximo apogeo, por lo que era un negocio más que rentable. Un proyecto que se inició a finales de los años 70, cuando llegaron a los hogares los primeros vídeos y cuando en la televisión en abierto apenas existían uno o dos canales. Antonio le dio a este vídeo comunitario el nombre de Electro Vídeo Utrera (E.V.U.), donde era posible ver las películas de más éxito que pasaban al mundo del vídeo. Famosas eran las sesiones de cine erótico que tenían lugar los sábados a partir de las doce de la noche: «Si nos retrasábamos, aunque sólo fuera un minuto, el teléfono se caía por la gran cantidad de llamadas que la gente hacía preguntando qué es lo que pasaba, que por qué no había comenzado la película», explica Antonio.
Este proyecto dio un paso más, y Antonio se convirtió en el pionero de la televisión en Utrera ya que, con medios rudimentarios pero con mucha ilusión, creó también el primer canal local en el que los abonados podían ver por ejemplo retransmisiones del Club Deportivo Utrera, programas informativos, imágenes de Utrera o programas especiales. Un proyecto en el que Antonio contó con la colaboración de utreranos que después seguirían muy ligados a la televisión local, como Jesús Álvarez, Juan Miguel Rivas o Consolación Guerrero. «Recuerdo con cariño esos años, y hoy cuando veo por ejemplo Uvitel, me da mucha alegría ver que funcionan tan bien», precisa Antonio.
Los tiempos estaban cambiando muy rápidamente, y a comienzos de los años 90 la televisión en abierto experimentó una mutación brutal con la llegada de los canales de televisión privados y autonómicos: Antena 3, Telecinco, Canal Sur y Canal+. Antonio entendió que la etapa de los vídeos comunitarios ya había terminado, por lo que vendió la empresa, por la nada despreciable cantidad de 13 millones de pesetas, al que durante muchos años había trabajado con él como cobrador, Enrique Álvarez.
El gusanillo de la pequeña pantalla no se había dormido en Antonio, quien junto a Pepe Durán, Francisco Rivas ‘Maxi’, Manolín ‘El Pollito’ y Paco Paradas, montó otro proyecto audiovisual, que llevó por nombre ‘Televisión Utrera’. Una etapa que terminaría por agotarse en poco tiempo, por lo que Antonio volvió al mundo de la electricidad, trabajando en grandes proyectos.
En cualquier caso fueron años frenéticos, en los que un hombre sencillo, experto en materia técnica, fue capaz de mantener pegados a sus televisores a miles de utreranos. Y es que, como él mismo afirma orgulloso y sin falta de razón, «el vídeo comunitario fue toda una revolución en Utrera».

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