Ana Consolación García Segovia, la voz que mejor reza de la Semana Santa de Utrera

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En los últimos años, una voz muy reconocible ha resonado con fuerza en las calles de Utrera al paso de las cofradías, regalando a todo el público una manera muy particular de rezarle a las imágenes titulares de las hermandades de la localidad. Esa voz es la de la saetera Ana Consolación García Segovia, quien ha brindado emotivos momentos en los últimos años cantando inolvidables saetas en el ‘Hogar del Pensionista’, el Arco de la Villa o en la salida de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

De madre utrerana, Consolación nació en Sevilla, residiendo sus primeros años en la capital y en Alcalá de Guadaíra, aunque asegura que «mis mejores recuerdos de la infancia están vinculados con Utrera, con su Semana Santa, el Día de Andalucía o la cabalgata». Se siente utrerana por los cuatro costados, localidad en la que reside con su marido y donde ambos están criando a un hijo que ya tiene 11 años.

Su vocación se centra en el mundo de la enseñanza, es licenciada en Pedagogía y en la actualidad trabaja como gestora de seguros, pero durante muchos meses al año su corazón siente en clave de saeta, esa forma de rezarle a las cofradías que ha conseguido traspasar las barreras del tiempo y persiste en las calles de Andalucía gracias al empeño y al talento de personas como Consolación.

Su relación con la Virgen de las Angustias, de la hermandad de Jesús Nazareno es ciertamente especial, y es que su padre la llevó desde muy pequeña muy cerca de este paso, una costumbre que tenía incluso antes de nacer ella y que siguió haciendo cogiendo a Consolación de la mano. «Cuando era muy pequeña me quedaba embobada viendo a los saeteros en los balcones, desde muy niña me gustó y me propuse muy seriamente que en el futuro quería ser saetera», cuenta la utrerana.

Con el paso del tiempo aquella niña que no podía evitar estremecerse cuando escuchaba esas interpretaciones desde los balcones de la localidad se convirtió en una gran saetera, y que en las últimas Semanas Santas ha cantado decenas de saetas a todas las hermandades de la localidad. A la hora de quedarse con una de ellas, recuerda de manera especial «una saeta que le canté a la Virgen de las Angustias cuando mi hermano estaba enfermo para pedirle que nos ayudara y afortunadamente se puso bueno». Fue precisamente ante esta dolorosa de la mañana del Viernes Santo utrerano cuando la utrerana interpretó su primera saeta, algo que surgió de manera casi espontánea y que sorprendió incluso hasta a su propia familia.

La Semana Santa de Utrera es un momento muy especial para Consolación, quien disfruta de numerosos instantes especiales durante estos días mágicos, cantando entre dos y cuatro saetas por día: «Me gustaría incluso cantar alguna saeta más cada día, pero la garganta es muy delicada y hay que cuidarla». Inevitablemente la voz es un instrumento muy peculiar que requiere de una atención especial para que brille como lo hace la voz de esta utrerana en lugares abiertos y donde miles de personas guardan silencio para poder escucharla con atención, sin perderse un detalle. Consolación se toma este aspecto muy en serio, por lo que trata de descansar mucho para que la garganta esté a punto, toma vitaminas y miel y, como ella misma asegura, «lo demás lo da el sentimiento y la pasión».

En los últimos años, se ha puesto en marcha una iniciativa en la que Consolación es una pieza crucial, como es el caso de la Escuela de Saetas «Ciudad de Utrera», una herramienta para que los jóvenes de la localidad puedan adquirir los conocimientos necesarios para convertirse en saeteros en un futuro y contribuir así a que esta tradición tan bonita no termine perdiéndose. Una iniciativa que está cumpliendo de manera positiva sus primeras etapas, que tiene en la actualidad 23 alumnos y que, como explica Consolación, «la escuela está funcionando estupendamente, se suponía que los frutos iban a ser más a largo plazo, pero algunos de esos frutos ya están lo suficientemente maduros. Los alumnos están muy contentos y yo también».

Con respecto al futuro que le puede esperar a esta forma cultural tan genuina de la Semana Santa como es la saeta, sorprende la claridad con la que se expresa Consolación: «La saetas nunca se van a perder, mientras haya un saetero en un balcón y abajo una niña o un niño que quiera rezar de esa manera tan bonita, la saetas seguirán existiendo».

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